Capítulo 9 - Un baile de invierno.


23 Nov
23Nov

JADEN


La miro a través de los espejos intentando entender su frase, veo que desvía la mirada nerviosa. Percibo una ola de sensaciones que se instala en mi estómago, sus palabras me hacen sentir extraño, mi mente empieza a trabajar a mil por hora intentando adivinar a qué se refiere, mientras su frase sigue repitiéndose en mi mente. 

—¿Te hice daño? —consigo pronunciar. Ella desvía la mirada y eso confirma mis sospechas. Se mueve alejándose de mí, pero yo intento perseguirla, no quiero dejar que se escape de esta conversación. 

»Abby, lo siento —le digo para frenarla—. Lo siento muchísimo, no sé qué hice o dije, pero sé que eso cambió nuestra relación, sé que se enfrió y desde entonces todo fue a peor, yo… 

—Ahora mismo no quiero hablar de eso, Jaden —contesta y vuelve a moverse, sin embargo, no pienso dejar que siga huyendo. 

—Bueno, pero yo necesito una respuesta, ¿qué ocurrió? —insisto intentando buscar a la verdadera Abby entre los reflejos.

Ella me observa, a mí o a algún yo en el espejo. Niega con la cabeza, pero no me rindo y sigo buscándola. 

—Por favor, no quiero seguir huyendo —pido—. Ya han pasado seis años, creo que podemos hablar de ello. 

La veo coger aire. 

—Ese es uno de los problemas, que sigues sin darte cuenta, como hace seis años. —Y me quedo clavado en el suelo tras escuchar las palabras. 

Se vuelve a mover, alejándose más de mí, pero mientras mi cabeza sigue sin saber qué contestar, mi corazón toma el control de todo mi cuerpo y me hace buscarla de nuevo. 

No tengo éxito, así que freno por un momento mientras mis ideas siguen colapsando en mi mente, pero soy capaz de dejarlo todo a un lado y, cuando abro los ojos, sigo en su búsqueda, enseguida doy con ella, está de espaldas y quieta. 

—No lo hice queriendo, te juro, Abby, que nunca te haría daño conscientemente —empiezo a decirle—. Sabes que siempre has sido una de las personas más especiales de mi vida. —Noto que da un sobresalto cuando me escucha tan cerca, me mira a través del espejo, no dice nada. 

»Lo sabes, hemos cuidado el uno del otro durante tanto tiempo, ¿cómo iba yo a querer hacerte daño? —repito. 

—Es más complicado, sé que no me quieres hacer daño, pero… —Y sus palabras se cortan, parece meditar en su siguiente frase.

 Me acerco un poco más a ella. 

—¿Cómo lo jodí todo? ¿Qué te hizo no querer hablarme durante tantos años? —insisto dando otro paso. 

Cierra los ojos y coge aire, se gira para enfrentarse a mí. 

—Yo… —Vuelve a frenar—. Yo no entendí nunca cómo no fuiste capaz de darte cuenta de nada —suelta rápido. 

Me quedo helado, ¿yo tenía que darme cuenta de qué? Pero si siempre estaba alerta de todo lo que pasaba referente a ella, tenía un sensor especial exclusivo para ella. 

—Pero, Abby, si estaba pendiente cada jodido minuto del día y la noche de lo que hacías —respondo algo molesto, sin entender nada de lo que está diciendo. 

—Joder, no lo hacías, Jaden, no lo hacías —suelta de golpe en tono molesto—. Estabas pendiente de mí cuando querías, pero nunca miraste más allá. 

De nuevo se instala una sensación extraña en mi estómago, ¿está insinuando que…? No, no creo que fuera eso, me hubiera dado cuenta. 

—No es cierto, siempre estaba atento a todo lo que hacías, adoraba pasar cada segundo del día a tu lado —rebato yo. 

—¡¡No lo hacías!! Claro que estabas conmigo y atento de lo que hacía, éramos mejores amigos y vecinos, hemos estado unidos desde que éramos unos críos. —Sube el volumen de su voz, más enfadada—. Pero siempre había alguien por delante de mí, siempre había otra con la que era mejor pasar el tiempo. —Respira—. La gente se dio cuanta antes que tú. ¿Cómo? Si tan pendiente estabas de mí deberías haber visto lo que pasaba, intenté decírtelo, Jaden. —Se acerca ella a mí, quedando a poca distancia—. No sabes cuánto lo intenté, pero tú… 

Sus ojos me tienen completamente hipnotizado, está muy enfadada y si tuviera que pintar su aura sería de un naranja fuego y, aun así, me parece la mujer más preciosa que he visto nunca. Me acerco más, quiero tocarla para tranquilizarla, quiero eliminar de su mirada toda la angustia que está sintiendo, pero no me atrevo. 

Mi propio cuerpo me lo impide, algo me mantiene petrificado, sin poder acercarme a ella y, de repente, siento un miedo atroz por lo que pueda seguir diciendo, ¿y si…? Siento que todo en mi interior se remueve, como si la Abby del pasado estuviera encargándose de sacudir mi alma para obligarla a despertar, a darse cuenta de que algo hice mal. 

—¿Yo qué? —pido al final—. ¿Qué hice? Déjame entenderte, yo he pasado seis años alejado de ti, joder, lo intenté —le recuerdo—. Lo intenté durante semanas, lo intenté incluso viviendo en diferentes rincones del país, pero nunca obtuve respuesta. 

—¡¡Porque era tarde!! —Y veo que sus ojos se llenan de lágrimas—. Era demasiado tarde, Jaden, estaba agotada de esperar… —susurra y veo que las gotas descienden por sus mejillas. 

—¿Qué intentas decirme? Suéltalo ya, necesito entender por qué me alejaste de tu vida —le ruego acercándome más a ella. Estamos a pocos centímetros de distancia, mi mano viaja sola hasta su cara y limpio suavemente las lágrimas. Fija su clara mirada en mí y por más que lo intento no consigo descifrar qué está pensando. 

»Quiero hacerlo, de verdad, Abby, necesito entender que pasó, qué fue lo que nos separó. —pronuncio dejando que las yemas de mis dedos acaricien suavemente su piel, un magnetismo que no había sentido en seis años regresa. 

—Tú, Jaden, tú nos separaste —dice en un tono tan flojito que apenas se escucha, pero a mí me llega alto y claro—. Siempre he est… 

—¿¡Chicos!? —grita Katie. La vemos llegar por los espejos, ella se aparta de mí, alejándose un poco y limpiándose las mejillas levantando sus grandes gafas—. ¡¡Ya era hora!! —dice en cuanto llega, veo que observa a su amiga y luego me mira. 

—Esto es enorme, estamos perdidos —explica Abby encogiéndose de hombros. 

—Pero ¿dónde estáis? —Escuchamos a Camila. 

La morena aparece a los pocos segundos. 

—Madre mía, esto es enorme, quizás podemos salir todos a la vez porque empiezo a necesitar aire fresco —añade Katie. 

Miro a Abby, necesito acabar esta conversación, pero ellas dos se encargan de no separarse de nosotros en todo el camino. La tensión inicial después de salir de la sala está bastante presente entre nosotros, no puedo evitar observarla de reojo mientras vamos de un lado a otro, pero cuando choco de frente con un espejo veo que se le escapa la risa y ese pequeño gesto me hace sentir lo suficiente valiente para bromear con ella. 

Cuando conseguimos salir, la luz del día ha desaparecido por completo. 

—Pero ¿qué día es? Hemos estado encerrados allí media vida —exagera mi hermana. 

—Tranquila, princesa, que conmigo a tu lado no te puede pasar nada —suelta la chica del pelo corto abrazándola por los hombros. 

—Creo que me das más miedo que esos espejos —contesta mi hermana, y Abby sonríe ante el comentario. 

—Estás hiriendo a mi pobre corazón —dramatiza Katie. 

—Vamos, amiga, no sigas haciendo el ridículo. —Niega la rubia con la cabeza apartándola de mi hermana. 

El gesto nos hace reír. 

—¿Qué queréis hacer? ¿Vamos a pasear por las paraditas navideñas? —propongo. 

Las tres asienten conformes, caminamos hacia la zona de artesanía, observamos las diferentes cosas que hay. 

—Qué frío hace —susurra Abby a mi lado. 

—¿Quieres mis guantes? —pregunto enseguida sacándolos de mi abrigo. Ella me observa desconfiada—. Te juro que están limpios y que no te pediré nada a cambio —digo levantando las manos. 

Sospecha unos segundos y acaba quitándomelos de las manos. Se los pone y su exagerada cara de gusto me hace reír. 

—¿Vamos a por vino caliente? —propongo. 

—¡¡Sí!! Necesito entrar en calor —acepta la rubia. 


Enseguida llegamos a la zona de bebida y comida, buscamos el primer puesto con menos cola y esperamos nuestro turno. 

—Cuatro vinos con especias —pide Katie. 

Cuando vamos a abonar la cuenta, se niega, diciendo que ella paga esta ronda. Con los vasos en la mano nos acercamos a un pequeño espectáculo representando la historia de una chica que no cree en la Navidad, pero dos elfos se empeñan en hacerle ver que es la mejor época del año. 

Nos reímos con las ocurrencias de los actores y, cuando quiero darme cuenta, vamos por nuestro tercer vaso de vino. 

—Katie y yo hemos decidido que debéis pagar esa cena ahora, nos morimos de hambre —informa mi hermana. 

Miro a Abby para ver su reacción. 

—Por mí, bien. Estoy muerta de hambre y además, si queremos seguir con este ritmo de bebida, necesito algo solido en el estómago —acepta. 

Buscamos el mejor puesto de comida, cada uno elige un plato y pagamos la cuenta entre la rubia y yo mientras ellas buscan un lugar entre la gente. 

No sé qué hora es cuando volvemos a la zona del espectáculo, pero ahora está convertido en una gran pista de baile navideña donde la gente disfruta con sus acompañantes y sin presencia de niños. 

—¡¡Vamos a por algo de beber!! —grita Katie tirando de su amiga. 

Me quedo sola con mi hermana. 

—¿Qué coño ha pasado con Abby en los espejos? —pregunta mi hermana dándome un golpe en el pecho con la mano. 

—Au —me quejo—. Nada, estábamos hablando, pero no hemos podido acabar la conversación porque nos habéis interrumpido. 

—¿Qué habéis hablado? ¿Le has dicho algo de lo que sientes? 

—¡¡No!! Camila, todo necesita su tiempo, primero quiero saber otras cosas, además, no hay un «lo que sientes», solo somos amigos, y yo estoy conociendo a alguien —suelto. 

—¿Alguien? Tú no conoces «a alguien», tú te diviertes con alguien, pero no te comprometes —me recuerda. 

—Pues esta vez me gusta —sentencio. 

Pienso en Grace y lo bien que lo pasamos juntos, aunque no quiera aceptarlo, mi hermana tiene razón, solo es diversión y buenas fiestas. Hace tiempo que dejé de ilusionarme con el concepto que nos venden en la televisión del romance, porque una vez creí sentirlo y todo dio un giro de ciento ochenta grados, todos sabemos quién es. Desapareció y mi fe en el amor lo hizo con ella. 

—¡¡Ya estamos aquí!! —grita Katie apareciendo entre la gente con mi amiga detrás. 

—Tomad —dicen tendiendo unas cervezas. 

—¿Cambiando bebida? Vamos fuerte —añado yo riendo. 

La música resuena a nuestro alrededor, ya no son villancicos, ahora suena por todos lados los temas del momento y poco a poco nos vamos animando con ellos.

Buscamos un buen rincón donde colocarnos, los cuatro juntos bailamos y reímos mientras las rondas no dejan de llegar. 

—Madre mía, yo así no conduzco —dice Katie. 

—Ni tú ni nadie. —Ríe Abby. 

—Nos iremos en taxi y ya mañana volveremos a por los coches, pero que la fiesta no pare. —Baila emocionada mi hermana. 

Todos brindamos sabiendo que una gran noche nos espera.

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Nos leemos. ❤️❤️🌻



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