Capítulo 8 - Un baile de invierno


22 Nov
22Nov

ABBY

—Tú, lo que es disimular, poco, ¿verdad? —regaño a mi amiga en cuanto estamos solas en el coche. 

—No sé por qué lo dices. —Finge sorpresa. 

—Estás tirándole ficha a Camila, que lo ven hasta nuestros vecinos en Nueva York —le digo. 

—Claro, la chica es preciosa y, mientras a mí no se me diga lo contrario, yo me siento con una gran oportunidad de ligar con ella —responde Katie. 

Su cara me hace reír. 

—No tienes remedio. —Niego con la cabeza sin dejar de sonreír. 

—Pues espera ver a dónde vamos —añade sin más. 

Intento por todos los medios que me lo diga, pero no lo consigo, sale del pueblo y varias millas más adelante veo un cartel que lo indica, mi rostro se ilumina. 

—Pero ¿esto ya está abierto? Pensaba que solo estaba a partir del día veinte. —Sonrío emocionada. 

—Este año empezaron el día quince, y yo que tengo contactos por todos lados, me enteré hace unos días —explica ella. 

Cuando aparcamos me abrigo bien y salgo mirando hacia la señal que indica «Santa’s Market». 

—Me encanta —digo emocionada. 

—Lo sabía, es un lugar mágico y por lo que me han dicho este año tienen muchísimas actividades interactivas —informa ella en cuanto llega a mi lado. 

—¿Desde cuándo está esto abierto? Simplemente me flipa —dice Camila llegando hasta nosotras. 

—Una tiene sus contactos —añade Katie haciéndose la interesante. 

Jaden mira a su alrededor, estudiando el lugar. 

—¿No has venido nunca? —pregunto. 

—No, es mi primera vez —añade él. 

Y recuerdo que hace apenas unos pocos años que este lugar existe. 

—Lo vas a flipar —le explico sonriendo. 

Estudia mi rostro e imita mi gesto. 

—Pues ya puedes guiarme, no vaya a perderme —bromea. 

—Ya sabes que no dejaría que te perdieras —le respondo guiñándole un ojo.

Antes de que pueda responder, me acerco a las chicas, que ya están avanzando hacia el interior del lugar, él nos pilla poco después, colocándose justo a mi lado.

 En cuanto accedemos al sitio alucinamos, es como estar en el mismísimo Polo Norte: nieve por todos lados, decoraciones de navidad, puestecitos de repostería navideña y chocolate caliente. Podemos identificar alguna caseta donde llevan a cabo algunas actividades y en el centro hay una gran pista de hielo. 

—¿Por dónde empezamos? —me pregunta Jaden. 

Lo miro sin poder aguantar mi sonrisa, contagiándosela. 

—¿Chocolate con rollitos de canela? —respondo sabiendo que eso le encantará.

Asiente conforme y sin meditarlo cojo de su mano para tirar de él hacia el puestecito, las chicas vienen detrás al ver que nos desviamos. Por suerte, no hay demasiada gente y nos atienden enseguida, pido lo mismo para todas mientras Katie coge sitio en las mesas de picnic que hay cerca para descansar. 

Los tres regresamos con ella a los pocos minutos, nos acomodamos y empezamos a devorar el dulce manjar. 

—Me flipa este sitio —afirma Jaden de repente. 

—Claro, esto es la magia de la Navidad y no lo que tú vives en la Gran Manzana —responde su hermana riendo. 

Esa frase me deja congelada por unos segundos. 

—¿Has dicho la Gran Manzana? —pregunto yo, mi mente no llega a tiempo de frenar la orden a mi boca. 

—Sí. —Asiente ella. 

Jaden me mira de reojo, y Katie clava su mirada en mí. Siento un pequeño pellizco en el corazón, de esos que sabes que si se retuerce un poco duele y, aun así, pregunto de nuevo. 

—¿La Gran Manzana? ¿Nueva York? 

—Sí, lleva viviendo allí… ¿Cuánto? ¿Dos años? —informa ella mirando a su hermano, él asiente. Entonces llega ese dolor intenso del que estaba hablando, ese que sientes cuando alguien decide darte un pellizco de esos tan pequeños y cuando te tiene bien cogido gira para que el dolor sea más fuerte—. ¿No lo sabías? —dice Camila cambiando el semblante de su cara y dándose cuenta de que la acaba de liar un poco. 

—No —contesto sin más. 

Intento fingir que esta frase no acaba de afectarme, que él haya estado viviendo en la misma ciudad que yo sabiendo de sobra que estudié y me mudé allí definitivamente para trabajar y no ha sido capaz de avisarme de que ahora somos vecinos. 

—Pues sí que es superdiferente de lo que hay allí, pero tenemos rincones preciosos en la gran ciudad, no te creas. —Intenta salvar la situación Katie—. Pero quizá no son tan mágicos como esto. 

—Lo que yo decía. —Le dedica una sonrisa de agradecimiento a mi amiga. 

Ellas toman el rumbo de la conversación, y yo me percato de cómo Jaden se coloca el pelo, moviéndolo de una forma nerviosa. 

—Abby —llama mi atención susurrando. 

Me giro para mirarlo repitiéndome: «Todo va bien, no te debe ninguna explicación ni llamada, tú elegiste ignorarlo, puede vivir donde él quiera». 

—Dime —pregunto. 

—Sient… 

No le da tiempo a continuar porque una chica disfrazada de elfo se acerca a nosotros. 

—Buenas y felices tardes navideñas, les entrego el planning de hoy para las actividades, estoy seguro de que lo pasarán genial. —Y, sin esperar a que digamos nada, lo deja en la mesa y desaparece igual que ha llegado. 

Para no escuchar lo que él tiene que decirme, cojo el papel y observo lo que tienen programado para hoy. 

—En diez minutos hay concurso de muñecos de nieve —digo—. Deberíamos presentarnos, aún recuerdo cuando éramos pequeños, nuestros muñecos siempre eran los mejores de toda la calle —les digo a los hermanos Brown. 

—Eso es porque nunca jugasteis conmigo —replica Katie—. Pero los míos eran brutales. 

—Qué listilla eres —le digo—. Estabas muy entretenida siendo la popular de tu curso —le recuerdo, ella me saca la lengua. 

—Propongo hacer dos parejas, los perdedores tienen que invitar a los ganadores a una cena —suelta Camila emocionada. 

—Perfecto, tú vienes conmigo —añade mi amiga sin darme tiempo a decir nada. 

Miro de reojo a Jaden, que me observa mientras una sonrisa se dibuja en su rostro. 

—Os vais a cagar, Abby y yo somos expertos en el tema de muñecos de nieve —se chulea. 

Nos levantamos, tirando los vasos a la basura, y nos encaminamos directos a esa zona. Vamos picándonos los unos a los otros durante todo el camino y cuando llegamos al taller la chica nos sonríe amablemente, apenas hay un par más de personas. Nos asigna una zona, nos da los materiales para poder decorarlo y vuelve a su sitio. 

—Que empiece el juego —digo. 

Miro a mi viejo amigo, que asiente entendiendo lo que quiero decirle. Como si los años no hubieran pasado desde el último que hicimos juntos, nos ponemos manos a la obra. Mientras yo voy formando la bola que será la cabeza, él lo hace con el cuerpo, nos lanzamos indicaciones el uno al otro para que sean perfectas.

 —Van adelantando —susurro mirando a las chicas, que están riendo. 

—Las ganaremos, se creen que es estable, pero esa base no aguantará nada —las critica con cara de odio, como si realmente nos jugáramos la vida, y ese gesto me hace reír. 

Cuando empezamos a unir nuestros trozos veo que su predicción se cumple. Nosotros empezamos a colocar los complementos. 

—Abby, siento no haberte avisado cuando me mudé a Nueva York —suelta de repente, y yo, que estaba poniendo un botón en nuestro muñeco, freno el gesto y me quedo mirando a un punto fijo. 

Medito mi respuesta, no quiero que parezca algo que no es. 

—Estabas en tu derecho de no hacerlo, no nos hablábamos —contesto girando mi cara hacia él. 

—La verdad es que lo pensé durante meses, tenía miedo de encontrarme contigo en algún momento, aunque la ciudad sea grande, y no saber qué decirte, pero el tiempo fue pasando y bueno… —Se queda callado. 

—Jaden, no me debes ningún tipo de explicación, eres libre de hacer lo que quieras —le respondo. 

—Sinceramente —empieza a decir y por su tono de voz sé que después de eso vendrá algo serio o por lo menos sé que sus palabras me calaran hondo—, me acojoné al pensar que si te llamaba no me ibas a responder o ignorarías mis llamadas, no quería volver a pasar por eso. 

Abro los ojos levemente y siento que algo se activa en mí con el tono que utiliza al confesarme eso. 

—Estabas en tu derecho, los años de silencio imagino que causaron estragos —le digo yo. 

—Nunca entendí por qué te alejaste de mí. —Y esas palabras me calan hondo, sus ojos me estudian detenidamente, y yo siento que mi corazón se acelera.

 —Pues… 

Con esa simple pregunta me hace reflexionar sobre que, hoy en día, sigue sin darse cuenta de lo que realmente pasó, de todo lo que sentí por él y de nuevo percibo un pequeño apretón en el corazón. 

Me giro para no mirarlo a la cara, mientras respiro hondo y me prohíbo volver a ese estado. 

—¡¡Listo!! —gritan las chicas rompiendo el momento. 

—¡¡Mierda!! —susurro—. Vamos a acabar esto —le pido. 

Él asiente, y entre los dos ponemos lo poco que nos queda, no sé cómo Katie acaba convenciendo a la chica de que elija entre uno de los dos muñecos y creo que el motivo de que ellas ganen es precisamente por lo encantadora que puede ser mi amiga. 

—¡¡Somos las ganadoras!! —dice abrazando a Camila.  

La chica se ríe de lo lindo con nuestras peleas entre parejas, cuando salimos de allí ambas están pensando en la venganza cuando vemos la típica caseta de laberinto de espejos. 

—¿Entramos? —pregunta Jaden, siempre le han encantado todo tipo de laberintos. 

—Venga, lo veo. —Sonríe Katie—. Entramos con una diferencia de un minuto y a ver quién sale primero. 

Nos jugamos la entrada a piedra, papel o tijeras, yo salgo ganadora, así que me toca entrar la primera. 

—No hagas el truco de poner la mano en la pared, que nos conocemos —me advierte Jaden antes de entrar, me giro para sacarle la lengua y sigo hacia el interior. 

Observo mi reflejo mientras camino entre los espejos y, cuando llevo un rato sin saber muy bien cómo orientarme, lo veo reflejado en varios de ellos buscando la salida. 

—Lo cierto es que dejé de hablar contigo porque me di cuenta de varias cosas, cosas que me hicieron mucho daño —confieso sin más, siendo una cobarde por no hacerlo directamente a su cara, pero lo suficientemente valiente como para dar un paso adelante. 

Mira hacia todos lados y de alguna manera nuestros ojos se acaban encontrando en el reflejo del espejo. 

—¿Qué hice mal, Abby? Te eché de menos cada maldito segundo de ese verano, quise llamarte cuando me mudé a Los Ángeles y a cada paso que he dado en mi vida —confiesa. 

—Yo solo…, solo necesitaba alejarme de ti.


Hasta aquí el capítulo de hoy, se que lo he dejado en un momento crucial, pero os advierto que merecerá la pena porque mañana llega CAPÍTULO DOBLE y MUY CARGADITO. 🤭😝 

Este capítulo no es interactivo, en el de mañana sí que tendréis ya donde decidir, y os advierto que viene a lo grande. 

Igualmente os pido que, si queréis aportar algo, sugerir alguna frase o situación estaré encantada de apuntarla para que ellos la vivan. 

Os invito ir a mi perfil de Instagram donde dejo un destacado con cosas de la novela.

Podéis dejarme vuestro comentario en el blog, no os hace falta registraros. Si os ha gustado el capítulo os animo a que dejéis un comentario con vuestras impresiones, realmente significaría mucho para mí. 

Mañana nos vemos a la misma hora. 

Nos leemos. ❤️❤️🌻


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