Capítulo 7 - Un baile de invierno.


21 Nov
21Nov

Opción ganadora B

Jaden

—¿Esa es…? —pregunta. 

—Diría que sí. —Asiento. 

Cuando nos acercamos a la cafetería la mujer sigue observando y, llevándose las manos al pecho, nos mira emocionada. 

—Abby Harris y Jaden Brown —suelta emocionada. 

—Señora Alcott —saludamos nosotros. 

—¡¡Qué alegría veros!! Estáis tan mayores —añade ella—. Me alegro mucho de que estéis juntos, siempre había pensado que hacíais una pareja preciosa. 

En cuanto las palabras salen de su boca abro los ojos por la sorpresa, ¿Abby y yo juntos? Ojalá se hubiera dado el caso, pero algo no acabó de funcionar. 

—¡¡Oh, no, no!! No estamos juntos, señora Alcott —contesta rápido mi amiga, me giro para observarla, y está roja como un tomate—. De verdad que no es lo que parece, mi coche se ha estropeado, y Jaden me está acercando a un sitio —y lo dice a una velocidad que da la sensación de que vomita las palabras, nerviosa. 

Esas palabras hacen que mi estómago se revuelva de una manera extraña, ¿tan malo sería?

 —Perdonad, chicos —se disculpa la mujer enseguida—. Siempre habéis sido tan buenos amigos, y habéis estado tan unidos, que ahora, al veros juntos, me he confundido. 

Se disculpa nuestra antigua profesora. Ambos negamos con la cabeza, se interesa por saber si estamos bien, pero alguien la llama desde el coche, su marido, nuestro antiguo profesor de ciencias y, despidiéndose, se aleja. 

—Vamos, me muero de frío —le pido. 

Ella no dice nada, y juntos entramos, en cuanto cerramos la puerta el olor a café recién hecho y canela nos rodea. La cafetería de Nicola es sin duda la más bonita que hay en el pueblo, está decorado perfectamente acorde con la época: luces, árbol, vajilla. 

Nos dirigimos directos a la barra, donde la mujer nos espera sonriendo. 

—¿Cómo estáis, jóvenes? —pregunta. 

—Mejor que ayer, seguro —le responde Abby, la mujer suelta una suave carcajada.

 —¿¿Café con leche y café solo largo?? —Ambos asentimos—. ¿Rollito de canela? —Me mira directamente sonriendo y me guiña un ojo, yo asiento. 

—Para mí otro café para llevar —añade Abby.

La observo de reojo, pensaba que podríamos sentarnos y hablar un poco, pero entiendo que tiene prisa por llegar al hospital. 

Nos esperamos en el lateral de la barra mientras el ayudante nos prepara el pedido. 

—La señora Alcott está igual que hace seis años —suelto rompiendo el silencio. 

—¿Verdad que sí? No quería decirlo, pero es que llevaba hasta las mismas gafas —añade ella. Su frase me hace reír. 

—Es que aún la recuerdo, con su olor a menta y emocionada con algún trozo crucial de la lectura del momento.

—Pues siempre eran libros geniales, pero tu poco interés por las clases te impedían verlo —me regaña sonriendo. 

—Para qué iba a esforzarme si luego siempre me ayudabas a estudiar, tenía mucha suerte de tenerte a mi lado. —Le saco la lengua. 

Ella niega con la cabeza, va a hablar cuando justo llega el pedido. 

—Aquí tenéis. 

Y, en cuanto voy a sacar la cartera para pagar, Abby me lo impide. 

—Pero… 

—No, me estás llevando al hospital, así que deja que pague —dice lanzándome su mirada fulminante. 

Me aparto con las manos en alto, cuando lo tenemos todo pagado cogemos el pedido y volvemos al coche. 

—¿Sabes cuánto tiempo estará tu abuela en el hospital? —me intereso cuando pongo el coche en marcha. 

—Lo cierto es que tiene una recuperación larga por delante —explica. 

—Es una mujer muy fuerte, siempre ha tenido mucho carácter, me recuerda a alguien —le digo mirándola de reojo. 

—Oye, deja de meterte conmigo —me regaña lanzándome una mirada de odio. 

—Desde luego que lo llevas en los genes —sentencio. 

Noto cómo me da con el puño en el brazo. 

—Au, que estoy conduciendo —la reprendo riendo. 

—Pues deja de meterte conmigo, un día, solo te ha hecho falta un día —se queja. 

Llegamos al hospital mientras le sigo lanzando puyas que me devuelve con más fuerza, ese siempre ha sido nuestro juego, esa manera especial que tenemos de entendernos. 

—Gracias por traerme —dice ella cuando baja del coche, antes de cerrar la puerta. 

—Da igual dónde esté, Abby, si en la casa de al lado o en la otra punta del mundo, siempre podrás contar conmigo —respondo yo. 

Ella sonríe tiernamente, asiente con la cabeza mientras se despide con la mano, cierra la puerta y la veo entrar al edificio con los cafés en la mano. 

—¿Y ahora qué hago? —me pregunto a mí mismo. 

La solución llega rápido a mi cabeza, llamo a mi amigo, que encantado me dice que nos vemos en un rato, me invita a su nueva casa. Al llegar lo veo en la puerta esperando. 

—Pero ¿esta mansión que te has comprado? —le digo en cuanto cierro la puerta del coche. 

—Chaval, la gente de pueblo también nos las sabemos gastar —responde. 

Cuando llego me da un pequeño abrazo, Mery sale del interior sonriendo. 

—Dichosos los ojos. ¿Nieve y Jaden en el mismo sitio? Si no lo veo no lo creo —dice la prometida de mi amigo. 

—Tú, guapísima, como siempre. —Me acerco para darle un pequeño abrazo. 

Entramos en la casa, me dan un rápido tour acabando en la cocina, donde nos sentamos para tomar un café. 

—Quería pedirte un favor, aprovechando que has venido, creo que es el mejor momento —suelta de repente Rob, yo lo miro extrañado. 

—Miedo me das —contesto. 

—¿Has recibido la invitación al evento del día veinticinco? —Asiento—. Como sabes, tanto Mery como yo somos profesores en el pueblo: yo en el instituto como entrenador, y ella en el colegio de primaria. 

—Sí, lo sé —respondo. 

—Pues estamos dentro de la asociación que organiza el baile benéfico, para recaudar fondos para esas familias que más lo necesitan —explica, no digo nada, dejo que siga hablando—. Me gustaría que te apuntaras y nos ayudaras, no somos muchos, y hay varias actividades que llevar a cabo. 

—¿Quieres que sea parte de la organización? —pregunto incrédulo. —

Sí, lo hemos estado pensando, y tú eres un líder nato. Sabes llevar un gran equipo y estás acostumbrado a trabajar bajo presión —responde. 

—¿No hay nadie más? —inquiero. 

Ambos niegan con la cabeza, me miran fijamente esperando una respuesta y es cuando mi mente empieza a trabajar a mil por hora. Son mis primeras vacaciones en el pueblo, apenas es día dieciocho y eso nos deja un margen de una semana para preparar algo genial. 

—Venga, colega, tampoco tienes muchas cosas que hacer estos días —insiste Rob. Los observo de nuevo, al final asiento. 

—Está bien —acepto, ambos aplauden y me abrazan. 

—No te arrepentirás, te lo vas a pasar genial —responde Mery. 

—No sé cómo conseguís liarme siempre para hacer estas cosas —digo. 

—Llevas sin estar aquí por Navidades más años de los que puedo recordar, nos lo debes —responde mi amigo—. Además, deja que el espíritu te invada, seguro que tiene algo superchulo preparado para ti. 

Emocionados, empiezan a explicarme la temática del baile y la verdad que, poco a poco, me va pareciendo más interesante. No sé cuánto rato llevamos hablando cuando mi móvil suena, en la pantalla aparece la foto se Camila. 

—Un momento —me disculpo saliendo por la puerta de la cocina al patio trasero. 

Contesto la llamada. 

—Hermanita —respondo al teléfono. 

—Necesito que vuelvas a casa, estamos montando las luces con los peques, pero no tenemos demasiado éxito —explica. 

—¡¿Más luces?! —pregunto. 

—Nunca son suficientes —responde Oliver de lejos, y eso me hace reír. 

—Vale, ahora vuelvo para casa —sentencio. Cuelgo la llamada y entro de nuevo.

 —Emergencia navideña en casa —les explico. 

—No te preocupes —responden. 

Mi amigo me acompaña a la puerta. 

—Mañana te enviaré la dirección y la hora de dónde quedamos para la reunión del evento —dice él. 

—Perfecto, nos vemos entonces —me despido. 

Camino debajo de la nieve hasta el coche. En cuanto llego a casa, veo todo el percal que tienen montado en el porche y me hacen reír. 

—¡¡Ya estoy aquí!! —grito en cuanto aparco. 

Mis tres hermanos me saludan emocionados y me ponen a trabajar. Intento quejarme sin entender por qué necesitamos tantas luces de Navidad, pero enseguida me rebaten que nunca son demasiadas. 

Mientras estamos trabajando juntos en poner una de las luces, me detengo a pensar en lo especial que es mi familia, cuando la gente me pregunta por ella siempre sonrío porque, a pesar de ser muchos —cinco hermanos, una cuñada y dos sobrinos—, estamos muy bien avenidos. 

Yo soy el segundo más mayor, Adam, Camila y yo compartimos madre y al hombre que nos engendró, porque ni siquiera se merece el título de padre, pero, por suerte, hace años llego Tyrion, mi padrastro y padre de Oliver y Sophia, mis hermanos pequeños o no tanto porque tienen diez y catorce respectivamente. 

—¡¡Céntrate!! —me regaña la más mayor. 

—Perdón, estaba pensando en que quizás necesitamos un descanso —respondo. 

—Lo que realmente necesitamos es poner estas luces, Jaden —me regaña la pequeña. 

—No podías haber sacado tú otra cosa de tu hermana, qué carácter tenéis —me quejo. 

Ambas me lanzan una mirada asesina y eso provoca la risa de Oliver. No sé cuánto tardamos en acabar, pero cuando lo hacemos miramos maravillados el resultado. 

—Somos unos cracks —añado yo. 

Todos asienten conformes, escuchamos cómo un coche se acerca y al girarnos vemos que para en casa de los Harris. Abby y Katie bajan y cuando nos ven a los cuatro allí nos miran extrañados. 

—¿Qué hacen los hermanos más guapos de Owergold a la intemperie? —pregunta esta última. 

—Pues enseñar a las futuras generaciones cómo se colocan unas buenas luces navideñas —responde Camila. 

—¿Luces navideñas? Pero si algunas ya tienen luz propia, no necesitan brillos extras. —Y veo cómo le guiña un ojo. 

Mi hermana sonríe negando con la cabeza, y Abby le lanza una mirada extraña a su amiga. 

—Acercaos a ver el resultado, porque esto tiene diferentes modos de parpadear —suelta mi hermana en respuesta. 

Las amigas se miran un momento, pero al final se acercan. 

—Dale, Sophie —digo. 

La niña emocionada usa el pequeño mando para enseñarnos los diferentes modos de las luces. 

—Alucinante, ¿verdad? —suelta feliz Camila. 

—La verdad es que son impresionantes —responde Abby—. No me hago responsable de la posible repercusión que tendrá por parte de mi padre —añade.

 —El señor Harris seguro que saca algún reno gigante que se ilumina. —Ríe Oliver. 

—Cómo lo sabes, pequeño, ¿recuerdas cómo corría detrás de ti en verano para saltar primero a la piscina? Imagínate con esto —le recuerda ella. 

Es curioso pensar que yo no la he visto en tanto tiempo, pero en cambio mi familia puede disfrutar de su compañía un par de veces al año, al igual que yo con la suya. 

—Al final salté yo primero —responde orgulloso. 

Todos nos reímos. 

—¿Ahora vuelves al hospital? —me intereso mirándola, ella asiente. 

—¿Cómo está tu abuela? —pregunta mi hermana. 

Y, mientras Abby le explica los pequeños avances y la recuperación que le espera, Katie se acerca a mis hermanos, y estos les siguen mostrando las diferentes combinaciones de las luces. 

Mamá los llama desde el interior de la casa porque es hora de merendar y nos dejan a los cuatro mayores fuera. 

—¿Os apetece ir a tomar algo calentito? —pregunto sin pensar. 

Ninguna responde, veo que Katie observa a Abby de reojo, y esta asiente de una manera muy disimulada, un gesto que seguramente para otra persona hubiera pasado desapercibido, pero que para mí, después de tantos años, no lo hace. 

—Pues sí, elijo yo, un sitio que seguro os va a encantar —responde. 

—¿Os seguimos con el coche? —pregunta Camila. 

—Sí, ya veréis qué alucinante —añade feliz la chica. 

Le paso las llaves a mi hermana, que será la conductora, y empezamos a seguir de cerca el coche de la chica. 

—Tengo una curiosidad —dice ella sin apartar la vista de la carretera—. ¿Cuántos años hacía que no os veíais? ¿Seis? Y aún sigues babeando por ella como cuando tenías nueve años —suelta pillándome por sorpresa. 

Me giro para mirarla con los ojos levemente abiertos. 

—Respétame, que soy tu hermano mayor. 

—Respétate tú mismo y sé sincero con lo que sientes. —Y sin más sube el volumen de la radio.


Hasta aquí el capítulo de hoy, como os he dicho el ganador fue la opción B.

Resultado de Instagram:



        

Resultado de Wattpad.

B – 1

Hasta aquí el capítulo de hoy, el siguiente se van de visita a un lugar especial, prepararos. 😍🤗

Este capítulo no es interactivo, pero así cogéis más ganas para el de mañana.

Igualmente os pido que, si queréis aportar algo, sugerir alguna frase o situación estaré encantada de apuntarla para que ellos la vivan.

Podéis ir a mi perfil de Instagram donde dejo un destacado con cosas de la novela.

Si os ha gustado el capítulo os animo a que dejéis un comentario con vuestras impresiones, realmente significaría mucho para mí.

Mañana nos vemos a la misma hora.

Nos leemos. ❤️❤️🌻

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