Capítulo 6 - Un baile de invierno.


20 Nov
20Nov

ABBY

Me tenso, claro que lo hago, después del momento tan extraño que hemos vivido hace un rato creo no estar preparada para la conversación que quiera tener, aún ni hemos comentado lo que le he contestado después de la guerra de nieve sobre las ganas de verlo. No contesto, solo me giro para que sepa que lo escucho. 

—Verás, Abby, me gustaría poder hablar, que nos pongamos al día, sé que los últimos meses aquí hace años fueron complicados, pero necesito aclarar… 

—Jaden, lo siento, pero ahora mismo no es el momento, estoy cansada y, por muchas ganas que tenga de hablar contigo, no tengo fuerzas para ponernos al día y que nos expliquemos cosas el uno al otro —le respondo cortando sus palabras. 

Sueno bastante borde, pero necesito mi momento para pensar a solas. 

—Bueno, pero esto significa que estos días vas a tener que aceptar una comida para poder hablar —dice él. 

Yo asiento.

 —Buenas noches —me despido y me giro para seguir mi camino.  

Lo escucho contestar y marcharse. Suelto el aire que no sabía que estaba conteniendo y cuando miro de reojo a su casa lo veo abrir la puerta, me observa y, nerviosa, giro la cabeza y entro a casa. 

Subo en silencio las escaleras, por suerte, las luces de Navidad alumbran todo el camino de la escalera sin darme opción a tropezarme. En cuanto llego arriba, entro y me encuentro con mi antigua habitación, mis padres no han cambiado nada desde que me marché. 

Me pongo el pijama y me desmaquillo, me hago una coleta, me coloco las gafas después de quitarme las lentillas y voy hacia la ventana para ver si sigue nevando. 

Pero justo al abrir veo que la cortina que da de frente con mi ventana también se abre, no puedo evitar soltar una carcajada cuando lo veo aparecer con un pijama rojo navideño y un moño en su cabeza. 

Sus ojos me encuentran enseguida y cuando descubre que me estoy riendo de él me amenaza desde lejos pidiendo que deje de hacerlo. Se aleja un momento y sé de sobra lo que sucederá ahora, porque esta fue nuestra manera de comunicarnos durante mucho tiempo. 

No te rías de mí, es un regalo de mi madre. 

Escribe en una pizarra. 

Niego con la cabeza y me aparto para ver si soy capaz de encontrar la mía, la veo en mi viejo escritorio, está limpia y el rotulador negro sigue en el lapicero con el resto de bolígrafos. 

Me acerco de nuevo a la ventana mientras escribo y lo veo sentado en su pequeño banquete esperando a que yo vuelva.

Pero es una imagen que no he visto en muchas Navidades. Tu reputación por los suelos. 

Se ríe y señalándose como si fuera un modelo se da la vuelta para lucir mejor su pijama, entonces escribe:

 Me gusta ver a la Abby de siempre, con sus grandes gafas y su bonita sonrisa. 

Esas palabras me sonrojan, pero le guiño un ojo bajándome la montura chistosamente. 

No sé cuánto rato estamos escribiéndonos cosas, cuando todo lo sucedido vuelve a mi mente, automáticamente, me freno y le escribo «buenas noches» en la pizarra, no espero su respuesta, rápidamente cierro la cortina. 

Cuando me estiro en la cama dejo que el sueño me venza. 


❄️

 Estoy sentada desayunando cuando llega mi madre. 

—Cariño, me voy al trabajo, papá está en el hospital, ¿irás tú a hacer el relevo? —pregunta, y yo asiento—. Pues llama a la prima, quizás se anime a ir contigo hoy también —responde. 

Se acerca para darme un beso en la frente y se marcha. Me cuesta media hora y dos cafés ponerme en marcha, la ducha me acaba de espabilar, paseo por la casa un rato y decido llamar a Katie. 

—Amiga, quiero morirme del dolor de cabeza —dice ella en cuanto contesta. 

—Si ayer hubieras dejado de beber cuando te avisé… —la regaño. —Bueno, cuéntame cómo fue con el buenorro de tu amigo mientras estabais tirados en el suelo —pregunta.

Pongo los ojos en blanco y agradezco que no pueda ver mi cara. 

—Nada, la verdad es que dejamos millones de cosas en el tintero, pero voy a intentar que se queden ahí porque no creo estar preparada para una conversación seria donde tenga que confesar el verdadero motivo de mi silencio hace seis años —explico. 

—Pero ¿aún sientes algo por él? 

—¡¡No!! —respondo rápido. 

—Vale…, ¿finjo que me creo tu respuesta o te rebato la verdad como buena amiga que soy? —añade ella. 

—Katie, no siento nada por él. Simplemente, es… todo lo que quedó de hace años, imagino que es una espinita que hay que arrancar —intento convencerla.  

—Claro —dice con tonito irónico—. Pero, visto que no quieres hablarme de tu amigo, sí puedes hacerlo de su hermana, ¿no? —Y suelto una carcajada. 

—Sabía yo que ibas acabar preguntándome por ella —le digo yo. 

—¿¿Yo?? Para nada, solo es un interés superficial por saber si es parecida a él o qué —disimula. 

—A mí no me engañas, las dos sabemos que te interesó a primera vista cuando apareciste corriendo ayer —añado—. Pero, si no recuerdo mal, ayer ya ligaste con un chico monísimo asiático, ¿no? 

—¿Recuerdas la canción de Hannah Montana?  You got the best of both worlds —suelta ella cantando la frase—. Pues eso, que me llevo lo mejor de los dos lados.—Y se ríe ante su frase. 

—Pues, sinceramente, no sé si ella estaría interesada en ti o si está con alguien — explico. 

—No está interesada porque no me conoce, pero, querida amiga, las dos sabemos que soy un bombón irresistible. 

—Modestia, baja, que sube Katie —le respondo. 

Llevamos un rato hablando cuando cuelgo, decido ordenar la cocina antes de hacerme la comida y un rato después con la barriga llena salgo para ir al hospital.

 Me abrigo bien porque sigue nevando, gorro, guantes, chaqueta gruesa, cojo las llaves del coche y, en cuanto entro y cierro la puerta, me froto las manos. 

—Este frío es infernal —susurro. Pongo la llave e intento arrancar, pero hace un extraño ruido, el motor no se enciende, repito el proceso y la respuesta es la misma—. Ni de coña puede estar pasando esto —digo intentándolo un par de veces más. Cabreada, le doy golpes al volante—. Joder, joder, joder —grito enfadada. 

Cuando, de repente, escucho unos golpes en el cristal, doy un bote en el asiento asustada y cuando me giro allí lo veo, con un gorro y sus preciosos ojos verdes estudiándome. 

—¿Todo bien? —pregunta. 

—¡¡Pues no ves que no!! —contesto mosqueada —. El coche no arranca y voy a llegar tarde —le explico. 

Y salgo dando un portazo.

 —Bueno, Abby, tranquila, déjame intentarlo a mí —suelta él.

 —Todo tuyo —le digo apartándome para que entre en el coche.

 Lo intenta, dos, tres y hasta seis veces, pero sigue sin responder. Mi cabreo va en aumento y cojo el móvil dispuesta a llamar a mi madre. 

—¿Quieres que te acerque yo en un momento? —pregunta saliendo del coche. 

—Ni siquiera sabes dónde voy —espeto. 

—Pero por tu cara de enfadada sé que tiene que ser algo importante —añade. 

Estudio su gesto para saber si habla en serio o no.

 —Tengo que ir al hospital —acepto al final. 

—¿Al hospital? Ayer me pareció entender eso cuando nos chocamos, pero estabas tan enfadada que preferí no preguntarte nada —explica—. ¿Va todo bien? 

—Mi abuela sufrió una embolia hace una semana, está ingresada —respondo. 

El tono de mi voz varía de enfadada a un poco apagado. 

—¿La abuela Adelina? —Asiento—. Lo siento. Niego con la cabeza para quitarle importancia—. Venga, que te llevo, deja que vaya a por el coche. —Y no me da tiempo a contestar porque él desaparece hacia su casa. 

Decido llamar a mi padre para avisarlo de que llegaré un poco más tarde. Me pide que no me preocupe, que no corra y que haga el favor de tomarme un café caliente antes de ir para tranquilizarme y que de paso le lleve uno. 

Cuando Jaden sale del garaje sonrío al ver el gran coche que conduce.

 —Vamos, rubia, que te llevo —dice parando justo delante de mí.

 Entro en el coche antes de arrepentirme. 

—¿Podemos parar donde Nicola? Mi padre quiere un café —le pido. 

—Por supuesto, cualquier excusa es válida para comprar rollitos de canela. —Ríe él aceptando. 

—¿Aún estás enganchado a ese dulce? —Lo miro asombrada. 

—Los años pasan, las viejas costumbres no. —Ríe en respuesta.

Conduce intentando explicarme las maravillas del bollo cuando llegamos al café, bajamos los dos y juntos nos dirigimos al interior. Es raro sentirlo de nuevo caminando a mi lado, lo observo de reojo y veo que sonríe mientras contempla las decoraciones que hay en los árboles. 

—No recordaba lo maravilloso que era este pueblo durante esta época —dice. 

—Lo es, nada que envidiar a las películas navideñas —respondo yo admirándolas también. 

—Recuerdo que era tu época favorita del año. 

—Lo sigue siendo, pero tú no has estado para verlo —contesto. 

Parece notar el descenso de mi tono de voz, pero, justo cuando va a añadir algo, vemos que alguien nos saluda desde la puerta de la cafetería.



Hasta aquí nuestra aventura en el capítulo 6, ahora toca decidir cómo será el encuentro en el capítulo 7: 

  1. Se encuentran en el centro comercial cuando Jaden esta comprando. 
  2. Jaden esta con sus hermanos  en el porche de su casa y aparece Abby. 


Podéis dejarme vuestro comentario aquí mismo y decirme que opción habéis elegido para el siguiente capítulo. 

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Como siempre os pido que, si queréis aportar algo, sugerir alguna frase o situación estaré encantada de apuntarla para que ellos la vivan.

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Si os ha gustado el capítulo os animo a que dejéis un comentario con vuestras impresiones, realmente significaría mucho para mí. 

Mañana nos vemos a la misma hora. 

Nos leemos. ❤️❤️🌻





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