Capítulo 5 - Un baile de invierno.


19 Nov
19Nov

ABBY


Nos giramos para ver llegar a Camila, la preciosa hermana de Jaden, esa niña que ha crecido a nuestro lado. 

—Buenas noches a todos —saluda en cuanto llega, está con sus amigos. 

Todos la saludamos y veo que se acerca directa a mí. 

—Esta mañana te has ido tan rápido y tan enfadada que no me ha dado tiempo de frenarte para saludarte —dice ya delante de mí—. Siempre es un gusto verte, Abby, aunque sea en medio de un desastre lleno de café. 

Nos abrazamos. 

—Perdona, me he enfadado bastante esta mañana y además llegaba muy justa —me disculpo. 

—Culpa de mi hermano, que, como bien le has dicho, no mira cuando entra a los sitios —me defiende. 

Jaden aparece de repente, colocándose a mi lado. 

—Perdona por lo de la cafetería —se disculpa. 

—Bueno, te diría que te perdono, pero he perdido mi abrigo favorito y el enfado no me lo quita nadie —contesto. 

—Te lo compensaré —dice guiñando el ojo. 

Y ese gesto me hace sonreír. ¿Cómo puede ser que hace apenas dos horas estuviera esquivándolo en el pub y después me lo encontrase en la plaza del pueblo?, aunque, por otro lado…, ¿no pasa todo el mundo por aquí para ir al parking municipal? 

Niego con la cabeza y lo observo directamente. 

—Para eso hay que pasar tiempo juntos —susurro más para mí que para él, pero, como hace años, parece tener la capacidad de escuchar lo que digo, sin importar si lo susurro o lo grito. 

—Nos veremos por aquí durante toda la Navidad, Abby Harris. —Se encoje de hombros y pone esa cara tan matadora que me hace poner los ojos en blanco y desviar la mirada. 

Lo cierto es que tengo ganas de hablar con él, saber qué está haciendo con su vida, cómo lo han tratado estos seis años. 

—No me leas los labios —lo regaño. 

—Hay cosas que no cambian nunca. —Y guiña un ojo, lo observo fijamente y al final tengo que sonreír, porque ese es su encanto especial. 

—Buenas noches —saluda de repente Katie—. ¿Y tú quién eres? ¿Por qué nadie nos ha presentado? —suelta acercándose a nosotros y mirando a Camila. 

Ella tan directa y poco sutil como siempre. 

—Nadie nos ha presentado, pero sí sé quién eres, Katie Greg —suelta mi vecina como si nada. Eso hace que mi amiga suelte una carcajada. 

—Perfecto, ahora que ya sabes quién soy yo, ¿quién eres tú? —pregunta de nuevo.

—Ella es Camila Brown —contesto yo, cortando el posible juego que pueda empezar entre ellas. 

—¿Hermana de él? —Lo señala con la cabeza. 

—Sí, sé que me he llevado los mejores genes. —Asiente ella. 

—Bueno, eso está por decidir, somos muchos a repartir y creo que me han tocado unos maravillosos —espeta Jaden a mi lado—. Mira qué ojazos. —Y parpadea de manera exagerada. 

—No todas caemos rendidas a esa mirada —añade Katie. 

—Uuuuhhh —contesta Camila—. Ya me caes bien. 

De repente, noto que algo moja mi mano, miro a mi alrededor para ver cómo la nieve empieza a caer. 

—¡¡Está nevando!! —dice Blair. 

Me había olvidado de que mi prima estaba allí, los Brown, como siempre, acaparando toda la atención. Nos giramos hacia ella y veo que está con su amiga y Niall. Todos miramos el cielo sonriendo, qué diferencia con la Gran Manzana, aquí puedo observar cómo caen los copos desde muy arriba, cómo se unen a la ya existente capa del suelo. 

—¡¡Feliz Navidad!! —grita de nuevo ella emocionada. Y cuando la miro una gran bola de nieve impacta contra mí. 

—¡¡Blair!! —la regaño. 

No puedo decir nada más porque otra bola da en mi costado, al girar veo a Katie con una mano en la boca y la otra en alto. 

—Pero ¿qué os pasa? —Elevo el tono, molesta.

Una tercera bola impacta de nuevo y veo a mi prima sonriendo y encogiéndose de hombros. Pero una cuarta llega, dando de lleno entre mi cuello y mi cara, cierro los ojos cogiendo aire. «Respira, Abby, respira». Las carcajadas resuenan a nuestro alrededor. 

Veo a Jaden encogerse de hombros en cuanto acabo de girarme. 

—¿Seis años sin vernos y decides que lo mejor es tirarme una bola de nieve? Además de un caf… —Pero me lanza otra bola callándome. 

Me da directa en la cara, me la limpio y sin meditarlo me agacho rápidamente para hacer una bola de nieve y lanzársela. Le impacta en la cabeza mojando su precioso pelo largo, eso parece molestarle. 

—¡¡Te jodes!! —grito, rencorosa. 

Otra bola vuelve a golpearme, Blair ríe y sin dudar le lanzo una a ella, que es demasiado rápida, y le doy a Niall. 

—¡¡Eh!! —Se agacha para coger un buen puñado de nieve y lanzarme una bola. 

Grito esquivándola, y la bola queda estampada en la cara de Camila. 

—¡¡Niall!! —espeta esta. 

Antes de que pueda agacharse a por una bola, otra impacta contra ella y la risa de Katie resuena después. 

—Pero ¡¡seréis!! —Y, cuando va a lanzarle la bola, mi amiga se mueve rápida cubriéndose por un arbusto. 

Noto cómo otra bola choca en mi cuello, me giro para ver a Jaden reírse a carcajadas y tomo mi venganza de nuevo, tirándole otra bien grande. Él, que es rápido, corre hasta Rob y se cubre con él, a quién le impacta en el pecho.

 —Lo sient… —Me responde con otra bola sin dejarme terminar de hablar.

 Y así, como si fuéramos todos unos niños de diez años, continuamos una guerra de bolas de nieve, todos contra todos, no hay equipos. Al principio intento esquivarlas, pero al final me rindo al ver que estoy empapada por el agua que dejan los misiles congelados al impactar. Mi parte competitiva toma el relevo y empiezo a lanzar a diestro y siniestro. 

—¡Te vas a enterar, rubia! —grita Jaden arrojándome otra. 

No me da tiempo de escapar, así que me agacho para coger una buena bola, al levantarme e ir a dispararla me encuentro con que lo tengo delante y agarrándome el brazo lleva la bola hacia mi cara, aunque intento con todas mis fuerzas impedirlo. 

—No, no, no —repito pretendiendo apartar mi cara. Lo cual es inútil, finalmente consigue su propósito—. Maldito seas —susurro y lo miro directamente a los ojos. 

—¿Yo? Has recibido el castigo que merecías por mojarme el pelo —suelta con una gran sonrisa. 

—Me las pagarás, Jaden Brown —mascullo entre dientes. 

—Para eso deberías pillarme primero. —Y sin más me arroja otra bola en la cara antes de salir corriendo. 

—¡¡JADEN!! —grito y cogiendo un poco de nieve intento pillarlo. 

Sin embargo, no llego a tiempo, empiezo una persecución que me lleva por toda la plaza, jugando a tirarnos más nieve y riéndonos con ganas. De repente, me veo acorralada entre él y el gran árbol. 

—¡¡Te tengo!! —exclama triunfal, acercándose peligrosamente. 

—Ni de coña —me niego. 

Observo a mi alrededor, buscando una salida, veo un pequeño hueco a su derecha. Salgo corriendo, pero me agarra enseguida, intento impedir que me atrape y, cuando quiero darme cuenta, estamos cayendo en la nieve. 

Grito y tras impactar en el suelo me da la risa floja, de esas que aparecen de pronto y no sabes cómo frenar. 

—¡¡Seis años sin verte, Jaden, seis!! Y acabamos rebozados de nieve a las pocas horas de reencontrarnos —digo entre risas. 

—Conmigo la vida nunca es aburrida, lo sabes de sobra —contesta riéndose también. 

Giro mi cara para observarlo, sus ojos verdes me encuentran. 

—Yo también te he echado de menos —confieso contestando a la frase que me dijo un rato atrás. 

Se queda callado, pero una sonrisa se dibuja en su cara. 

—Te he estado buscando después de nuestro encuentro en el pub —confiesa sin cortar el contacto visual. 

—Lo sé —susurro yo con sinceridad. 

—¿Me has estado esquivando? —pregunta notablemente sorprendido. 

—Sí, no sabía si estaba preparada para hablar contigo mucho más rato —explico.

 No dice nada, estudia mis facciones, lo veo en cómo mueve sus ojos levemente. Antes conocía cada gesto que podía hacer o eso creía, porque en el último año de instituto mi prima me abrió los ojos cuando me dijo que estaba bastante claro lo que sucedida entre nosotros, aunque no acabé de entender si solo se refería a mí y a lo que yo sentía o a un nosotros en global. Recuerdo cómo me hice la valiente e intenté hablar con él, tanto que cuando recibí largas por su parte sentí que algo iba mal. ¿Alguna vez habéis sentido que vuestro corazón se hacía polvo? 

Pues esa fue mi sensación, recuerdo lo rápido que palpitaba por los nervios, pero, como después de mucho insistir me di cuenta de que no iba a hablar conmigo, las palpitaciones no cesaron, seguían rápidas, nerviosas, pero en un microsegundo sentí como si alguien cogiera mi corazón con la mano y lo apretara fuerte con su puño, aplastándolo y haciéndolo añicos.

Esa mano era la suya, seguramente sin él saberlo, apretó tanto que lo dejó destrozado en pedazos tan pequeños que a día de hoy si me pusiera a buscar aún encontraría algunos trocitos escondidos por algún rincón. 

Aquel fin de semana, aquella noche en el pub, marcó un antes y un después en nuestra relación. Yo me alejé, evité quedadas con él y fue un verano complicado, después todo llegó rodado; yo empecé la universidad en Nueva York, y él la carrera de Ingeniería de Sonido, o algo parecido, en Los Ángeles. Intentó llamarme o comunicarse conmigo alguna vez, pero mi silencio fue la respuesta. Desde entonces, sé que ha vivido en otras ciudades y ahora mismo no tengo ni la más remota idea de qué hace con su vida. 

—¿Cómo has estado estos años, Abby? —pregunta. Cuando me dispongo a contestar, alguien se acerca corriendo y tropieza con nosotros, Camila, y tras ella llegan Niall y Katie. 

—¿Qué hacéis? —preguntan mirándonos. 

—Este tramposo, que me ha impedido escapar —digo, conecto los ojos con los de mi amiga y parece entender mi llamada de socorro. 

—¿No empezáis a tener frío? —suelta ella—. Ya son casi las cinco de la mañana, deberíamos ir tirando a casa, yo quiero estar viva mañana, que llegan mis tíos. 

Todos asentimos, la hermana de mi amigo es la primera en ponerse en pie, luego lo hace Jaden, que enseguida me tiende la mano para ayudarme. 

Vamos todos juntos al parking

—Abby, ¿tú cómo has venido? —pregunta Camila. 

—Con mi coche, ¿por? 

—Para irnos contigo, somos vecinos, es absurdo que nos vayamos con dos coches al mismo sitio —dice ella. 

—Pues yo puedo llevarme a Katie, si quiere —se ofrece Rob, que vive algo más cerca de ella que yo. 

Miro a mi amiga, y ella asiente. Así que cuando llegamos nos reorganizamos en para ahorrar tiempo, los hermanos Brown, Niall y mi prima acaban en el coche conmigo. 

Pongo la radio por el camino y suena la última canción de Tones and I, Dance monkey, cuando llega el estribillo todos cantamos entre risas. Acabo el recorrido aparcando en mi casa y bajamos del coche. 

—Ha sido genial volver a verte, Abby —dice Camila dándome un pequeño abrazo.

 —Lo cierto es que ha sido divertido, aunque ya van dos abrigos manchados en poco más de doce horas. —Le lanzo una mirada de odio a Jaden, que levanta las manos en señal de «yo no he sido». 

—Eso es porque eres una competitiva y he acabado ganando —suelta él. 

Pongo los ojos en blanco, habló el líder nato, que siempre tiene que quedar por encima de los demás. 

—Buenas noches, chicos —me despido antes de entrar en una disputa. 

Les doy un pequeño abrazo a cada uno. Camino hacia mi portal, estudio todo lo sucedido en estas últimas horas y maldigo en silencio por haber tirado bastantes barreras al suelo, las que me costó años construir. 

—Abby —dice a mi espalda cuando estoy subiendo al portal de casa. Me giro sorprendida y lo veo al final de la escalera, lleva su mano hacia el pelo largo y lo peina, o despeina, dejándolo todo hacia atrás—. ¿Podemos hablar? —pregunta.


Hasta aquí el capítulo de hoy, espero que esta guerra de bolas de nieve os haya gustado, porque a nuestros protagonistas los ha empezado a unir. 

Este capítulo no es interactivo, pero así cogéis ganas para el fin de semana porque uno de los días llegare con capítulo doble. 

Igualmente os pido que, si queréis aportar algo, sugerir alguna frase o situación estaré encantada de apuntarla para que ellos la vivan. 

Podéis dejarme vuestro comentario aquí mismo. También podéis ir a mi perfil de Instagram donde dejo un destacado con cosas de la novela. 

Si os ha gustado el capítulo os animo a que dejéis un comentario con vuestras impresiones, realmente significaría mucho para mí. 

Mañana nos vemos a la misma hora.

 Nos leemos. ❤️❤️🌻



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