Capítulo 4 - Un baile de invierno.


18 Nov
18Nov

Opción ganadora B.

JADEN

No espero este gran recibimiento cuando llego al local, uno de los pocos pubs que tenemos en este pueblo. 

—¡¡Míster Brown!! —Se acerca alguien en cuanto dejamos las chaquetas en el guardarropas. 

—¡Paul! —saludo a uno de mis amigos del instituto—. ¿Tus músculos crecen por años? —pregunto chocando su mano y dándole un pequeño abrazo. 

—Pues tú dirás, campeón estatal de crossfit —dice sacando músculo. Su gesto me hace reír, hay cosas que nunca cambian. 

—Hola, colega —saluda a Niall, que ha venido conmigo. 

Observo el lugar, tan lleno y ambientado como siempre, en el techo cuelgan varias decoraciones navideñas, en el centro una bola de discoteca, que podría jurar que tiene más años que yo, y todo acompañado por la música que resuena por todos lados. 

La gente se gira a observarnos en cuanto Paul nos lleva por la pista. 

—¿Jaden? —pregunta una voz femenina frenándome el paso. 

Me giro para observar a Ginny, la que fue mi novia más duradera en el instituto, sigue igual de rubia y preciosa que siempre. 

—¡¡Hola, preciosa!! —saludo abrazándola. 

—Pero ¡cómo puedes estar más guapo que hace seis años! —responde ella, su comentario me hace reír. 

—Hablo, miss Owergold. —Suelta una sonrisa de esas que pueden encantar serpientes. 

Saluda al resto del grupo y sus amigas nos saludan también. Cuando por fin conseguimos llegar a nuestro destino los chicos se abalanzan sobre nosotros, felices de vernos. 

—¿Jaden Brown visitando su pueblo en Navidad? —dice alguien a mi espalda, y esa voz me hace sonreír. 

—¡¡Cuánto te echaba de menos!! —saludo en cuanto me giro. 

Rob, mi mejor amigo junto a Niall, esa persona que ha estado en las buenas y en las malas, por suerte él estuvo de visita por la ciudad hace pocos meses, porque con él sí hemos mantenido el contacto, no como con el resto de los compañeros, a los que solo veo en las pocas visitas que hago yo al pueblo. 

—¡¡Madre mía, tu pelo crece por momentos!! —dice dándome un abrazo. 

Sonrío y me lo toco para peinarlo, lo cierto es que desde que decidí dejarlo largo ha crecido muchísimo, ahora ya es un sello de identidad personal. 

—¿Y esas entradas qué tal? —lo pico yo. 

—Serás cabrón —responde seguido de una carcajada.

Pasamos un rato más hablado todos, intentando ponernos al día, algunas personas se acercan a saludarnos. La música suena a nuestro alrededor y la fiesta poco a poco se va animando. 

—Voy a la barra —les digo—. ¿Quién quiere unos chupitos? —pregunto. 

Todos gritan afirmando. 

—Vamos, que el chico de la Gran Manzana se estira y nos paga una ronda —grita Paul. 

Aplauden conformes, serán cabrones. Negando con la cabeza me voy a la barra, observo a la gente a mi alrededor y me doy cuenta de que, aunque parezca el mismo sitio, las cosas han cambiado, ahora hay amigos de mi hermana por aquí y más gente que no conozco, aún recuerdo cuando este era nuestro lugar habitual de salida y éramos los reyes.

En cuanto llego, me apoyo para esperar mi turno, cojo el móvil para ver si tengo algún mensaje y veo que tengo pendientes de Grace, los respondo sabiendo que quizás la pillo durmiendo. 

Cuando la camarera se acerca me sorprendo al ver que es una antigua compañera de instituto un año menor que nosotros. Nos saludamos y, cuando le pido los chupitos, tiene que dejarme una bandeja porque no puedo llevarlo todo solo con las manos. 

—Luego devuélvemela, Jaden, te la dejo porque eres tú —me pide. 

—Confía en mí. —Le guiño un ojo, y sonríe. 

Salgo de nuevo hacia la pandilla, en cuanto llego gritan emocionados. Dejo la bandeja en la mesa y cada uno con su pequeño vaso brinda. 

—¡¡Por las visitas de los neoyorquinos!! —dice Paul. 

Todos gritan conformes, Niall y yo nos miramos de reojo con una sonrisa. No sé cuánto rato llevamos bailando y riendo cuando decido ir al baño. 

Al salir no estoy demasiado atento y acabo chocando con alguien, al girar la cabeza aguanto la respiración unos segundos por la sorpresa, allí está Abby, pero su imagen es tan diferente, no es para nada como la recordaba. Mentiría si dijera que desde nuestro encuentro esta mañana no ha dejado de aparecer de vez en cuando en mi mente, pero entre su mala leche y la rapidez de los hechos apenas he podido digerir que la tenía delante. 

—Abby —la saludo, incrédulo. 

—Hola, Jaden —responde ella, desvía la mirada hacia todos los lados y luego conecta sus ojos con los míos. 

No sé si acercarme más y abrazarla o esperar a ver qué hace ella. 

—Siento mucho haberte tirado el café encima esta mañana —digo por encima de la música.

Parece mentira la de años que han pasado desde la última vez que hablamos más de cinco minutos. La observo y me doy cuenta de que no lleva sus habituales gafas de pasta, sus grandes ojos azules brillan y, aunque note un gran cambio en ella, observo que su cara, de forma ovalada, es más fina que antes y su pelo suelto baila a su alrededor, sigue teniendo el rubio dorado natural con esas suaves hondas que tanto se empeñaba en esconder en el instituto. 

La recuerdo caminando a mi lado en la calle, con el moño o la coleta siempre perfectamente arreglada, las gafas y una sonrisa tímida que siempre aceleraba mi corazón. Ella, la que hacía que me enfrentara a medio instituto, la que me obligaba a estudiar cuando yo solo quería irme a la calle, velaba siempre por lo mejor para mí, la que recogía mis trozos cuando alguien me hacía daño, siempre era ella. Y ahora está aquí, tan adulta, tan diferente, me pregunto cuánto de mi Abby quedará. 

—¿Qué haces en el pueblo en Navidades? —es lo único que dice. 

—¿No te alegras de verme? —pregunto extrañado. 

Desvía la mirada un poco, sin querer fijar sus ojos en los míos y ese gesto me pone nervioso. ¿No quería verme? Sé que han pasado muchos años, que la situación cambió mucho al final de nuestro último curso en el instituto, pero eso no quita todo lo vivido con anterioridad. 

—No es eso, pero… —contesta al cabo de los pocos segundos. 

Alguien aparece de repente cortando sus palabras y, sin saludar o decir nada, tira de su mano para alejarla de mí. 

Se gira para observarme, levanto la mano para despedirme, duda un poco y al final alza la suya respondiendo el gesto. 

No me da tiempo de nada más porque Rob y Niall saltan encima de mí para bailar el tema que está sonando en ese momento. Cuando consigo deshacerme de ellos no puedo volverla a ver, maldigo en silencio. 

Inconscientemente, no dejo de mirar hacia ese rincón esperando volverla a ver, pero no tengo éxito. Y, aunque sigo la fiesta con la pandilla, no puedo dejar de buscarla para poder acercarme de nuevo.

Decido caminar por el pub a ver si la encuentro, pero no está por ninguna parte, cuando vuelvo al grupo me incorporan rápido, estamos cantando a todo pulmón el ultimo temazo de Matt Geen cuando las luces del pub se encienden, hora de retirarse. 

Entre risas, quejas y promesas de vernos más estos días abandonamos el local, la gente se va desperdigando por la gran avenida, la carretera principal del pueblo. Niall, Rob y yo caminamos hacia el coche de este último. 

—Podríamos ir a comprar unas pizzas o algo, ¿no? —propone el cantante muerto de hambre. 

—Lo voto, sin duda. —Asiente el otro. 

Como me parece un plan maravilloso nos ponemos rumbo al único local que está abierto a estas horas. Durante el camino Rob nos cuenta lo enamorado que está de su novia, Mery, con la que empezó a salir en el instituto. 

—Y para rematar el tema… —Pero dejo de escucharlo porque al llegar a la plaza del pueblo veo que hay unas cuantas chicas delante del gran árbol de Navidad, riéndose y haciéndose fotos. 

—¿Esa es Abby? —pregunto frenando y dándole un golpe a Niall en el pecho.

 —Au —se queja mi amigo y observa—. Hostias, sí que lo es, está guapísima —suelta, la sonrisa se dibuja sola en mi cara. 

—Vamos —digo avanzando hacia ellas, sin darles tiempo de darme una negativa. 

Las chicas no se dan cuenta de que nos estamos acercando hasta que estamos prácticamente allí, escuchamos la melodía que sale del móvil de una de ellas.

 —Buenas noches, chicas —saludo cuando estoy lo suficiente cerca. 

Veo que está acompañada por Blair y la amiga de esta, Sofia, con ellas está Katie, que si no recuerdo mal es mayor que nosotros, y una chica que no identifico. Ella me mira, con los ojos levemente abiertos, pero se dibuja una pequeña y casi inadvertida sonrisa en sus labios. 

—Buenas noches —suelta Blair—. ¡¡Cuánto tiempo sin verte!! —Y es la primera en acercarse a saludarnos. La sigue su amiga, pero yo tengo claro mi meta.

 —Abby Harris —digo acercándome a ella, que asiente con una media sonrisa—. Y esta vez sin café que pueda manchar nuestro encuentro o gente que te aleje de mí —le digo guiñándole un ojo. 

Se pone roja, seguramente recordando las maravillosas palabras que me ha dicho esta misma mañana y lo escueta que ha sido hasta hace un rato, pero al final dibuja una pequeña sonrisa. 

—Jaden Brown —saluda ella. 

Y sin esperar a que me dé permiso me acerco a ella y la abrazo, sigo siendo más alto que ella por varios centímetros, cuando la tengo entre mis brazos la estrecho, sintiendo un alivio momentáneo, como si de repente el tiempo se pausara, como si ella nunca hubiera decidido alejarse de mí sin explicación y dándome cuenta de que hay cosas que nunca cambian. 

—Te he echado de menos —susurro en su oído.

 Ella rodea bien mi cintura y me abraza más fuerte. Su suave olor dulce me rodea, y me permito sentirla cerca, porque seis años son muchos. Cierro los ojos, solo un momento, para fingir que es un abrazo de los muchos que nos dábamos de adolescentes. 

—Abby. —Escucho que la saludan, Niall. 

Me separo de ella y dejo que hablen, pero no puedo apartar mi mirada de ella. Ahora, de cerca, puedo apreciar lo bien que le han sentado los años, sí, de lejos y con las luces apagadas he sido capaz de verlo, puedo asegurar que para ella los años no pasan en vano. 

—Niall, ¿cómo va tu carrera de músico? —le pregunta. 

—Ya sabes, un poco de guitarra aquí, otro poco de coros por allá —responde él.

 Y suelta una carcajada que me hace sonreír. 

—Hola, Jaden —saluda Katie—. Sé que no hablamos mucho en el instituto, pero he escuchado muchas batallitas sobre ti. 

Me giro para observarla, me parece una chica guapísima y tiene un estilo de lo más espectacular.  Tiene el pelo muy corto, prácticamente rapado, y eso hace que sus ojos destaquen por encima de lo demás, grandes y claros. 

—Hola, Katie, encantado de verte —contesto yo. 

Pero antes de que ninguno pueda decir nada escuchamos un ruido a nuestras espaldas y nos giramos todos a mirar alertados.



Hasta aquí el capítulo de hoy, como os he dicho el ganador fue la opción B. 

Resultado de Instagram:


 Resultado de Wattpad, no hay porque el capítulo se ha publicado con retraso, solo lleva unas horas publicado allí. 

Ya se han encontrado, que sepáis que en la opción de la barra tenia pensado que se vieran de lejos así que hemos elegido también mi opción favorita.  

 El capítulo de mañana no es interactivo, pero os adelanto que llegara bastante intenso. 

Igualmente os pido que si queréis aportar algo, sugerir alguna frase o situación estaré encantada de apuntarla para que ellos la vivan. 

Podéis dejarme vuestro comentario en el blog, no os hace falta registraros, y dejarme vuestra opción o podéis ir a mi perfil de Instagram donde dejo abierto el cuestionario en mis historias. 

Si os ha gustado el capítulo os animo a que dejéis un comentario con vuestras impresiones, realmente significaría mucho para mí.

Mañana nos vemos a la misma hora. 

Nos leemos. ❤️❤️🌻

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