Capítulo 3 - Un baile de invierno.


17 Nov
17Nov

OPCIÓN GANADORA: A. 

ABBY

Noto el aire delante de mí y, cuando quiero darme cuenta, el café ardiendo que llevo en la mano se vierte sobre mi abrigo. 

—¡Joder! —grito alto por el susto. La gente me mira, y yo dejo todo en la mesa que veo a mi derecha, que, por suerte, está vacía—. Quema, quema, quema —me quejo dándome rápido con una servilleta—. ¡¡Me cago en todo!! ¿¿Acaso no miras por dónde vas o qué?? ¿¿Necesitas que te explique que antes de entrar hay que mirar si alguien sale?? ¡¡A tomar viento mi abrigo favorito!! —grito como una loca sin mirar a la persona. 

—¡¡Perdona!! —dice una voz masculina a mi espalda. Me quedo helada por un momento, esa voz. Giro la cabeza tan rápido que casi me mareo y, cuando conecto mi mirada con sus claros ojos, siento cómo se me revuelve el estómago, genial, ¿puede seguir sorprendiéndome este diciembre?—. Abby —murmura él notablemente cortado. 

—Sí, Jaden, soy yo —suelto intentando romper este momento extraño que se ha creado a nuestro alrededor, pero creo que sueno muy estúpida. 

Y, girándome, sigo limpiando la chaqueta, Nicola se acerca con más papel. 

—Gracias. —Sonrío amablemente. 

Intento aguantar todo lo que puedo, pero por dentro siento un revuelo de sentimientos que no podría definir. 

—Espera, que te ayudo —se ofrece él acercándose de nuevo a mí y cogiendo más papel que ha dejado la mujer en la mesa.

 Entre los dos intentamos limpiar la mancha, pero claramente no se va, lo observo de reojo y veo lo que ha cambiado estos seis años que hace que no lo veo. El pelo, notablemente más largo, le llega por los hombros formando unos adorables rizos al final, tiene las facciones de la cara más marcadas y sus ojos siguen siendo igual de verdes y profundos que la última vez que los miré. Está más alto y diría que algo más delgado, pero eso no lo puedo asegurar, puesto que lleva un largo abrigo negro, demasiado elegante para el estilo desenfadado que recuerdo que lucía en el instituto. 

—Siento mucho haberte tirado el café, iba hablando y no he visto que salías en ese momento —dice, y noto que mi corazón se acelera, su voz suena mucho más ronca de lo que recordaba. 

El móvil vibra en mi bolsillo y cuando lo saco veo que es mi padre. 

—Mierda, voy tarde —susurro enfadada—. Lo siento, Jaden, me alegro de verte, pero llego tarde al hospital. —Y sin más cojo todo lo que he dejado en la mesa y salgo de allí. 

En cuanto llego al coche voy directa al maletero, rezo para que mi madre lleve alguna chaqueta allí y, al abrirlo, sonrío aliviada. Allí tiene un abrigo gris que me va genial para esta situación. 

Me lo cambio y voy directa al asiento del piloto para ir a relevar a mi padre. En cuanto arranco el coche soy consciente de lo que acaba de pasar, Jaden Brown, mi mejor amigo y amor secreto, acaba de chocarse conmigo. 

—Joder, Abby —susurro nerviosa. 

El chico que siempre te ha tenido loca en silencio, por el que suspirabas cada vez que se acercaba por el pasillo o que te esperaba cada mañana en la puerta de casa para ir juntos a clase, el mismo que me defendía a capa y espada cuando los demás se metían conmigo, pero también aquel chico popular que nunca se fijó en mí más allá de una amistad, el que me veía como a una hermana a la que cuidar.

Cuando el instituto acabó, recuerdo lo complicado que fue tomar la decisión de borrarlo de mi vida, él intento llamarme en varias ocasiones, pero el silencio hizo su función y acabamos sin saber nada el uno del otro. Desde entonces, muchas cosas han pasado, tantas que no nos habíamos cruzado nunca en seis años. 

Siempre he jugado con la ventaja de que él pasa las Navidades fuera, que es cuando yo paso más tiempo en Owergold, pero, por lo visto, el destino sigue queriendo fastidiarme el final del año. 

Aparco en el hospital y salgo directa hacia la habitación de la abuela, mientras busco el número de Katie en el móvil. 

—Acabo de chocarme con Jaden Brown, te dije que mi año podía seguir empeorando —digo en una nota de audio y la envío. 

Al llegar a la planta correspondiente, salgo para ver cómo el espíritu navideño no se deja ni un rincón sin visitar. Las enfermeras llevan un gorro de Papá Noel o una diadema con cuernos de reno, las paredes están decoradas con dibujos y objetos de la época. 

Sonrío al pasar al lado de ellas, llego a la habitación enseguida y cuando entro me encuentro a mis padres hablando con las chaquetas en la mano. 

—Perdonad —les digo, voy directa a la cama para saludar a mi abuela. 

Ella sonríe devolviéndome el beso, la observo, lleva un pijama muy navideño que me encargué de traerle personalmente hace unos días, su pelo blanco brillante reposa corto, bien peinado, y sus ojos oscuros me sonríen con la mirada. 

—Hola, prenda, ¿cómo estás? —pregunta agarrando mi mano. 

—Siento llegar tarde —le digo dándole otro beso. 

—Nosotros nos vamos a ir, la prima Blair llegará en un rato —informa mamá. 

Me acerco a ellos y les doy un pequeño abrazo. Se despiden de la abuela y desaparecen por la puerta, tras lo cual me siento junto a ella. 

—¿Qué nos tocará comer hoy? Espero que el postre sea bueno —digo sonriendo y mirándola. 

—Si es compota de manzana lo compartiremos. —Me guiña un ojo, y yo le saco la lengua.

—No te vas a creer con quién me he chocado esta mañana, yaya —suelto sin más, porque siento que necesito decirlo en voz alta para que sea más real: Jaden está aquí. 

—Sorpréndeme, porque en estas fechas viaja mucha gente al pueblo —añade ella. 

—Jaden Brown, mi amigo de toda la vida, hacía seis años que no lo veía —le explico. Y, de repente, percibo un extraño sentimiento en el pecho. No, no, no, me niego a dejar que vuelva y haga que mi cuerpo reaccione a él. 

—¿Y cómo está? Siempre ha sido muy guapo, aún te recuerdo suspirando por cada gesto que hacía. —Sonríe melancólica—. Era la única persona que conseguía sacarte de la habitación y hacer que dejaras de estudiar. 

Ese recuerdo me hace sentir nostalgia, aquellos días donde una pequeña versión de mí se empeñaba en sacar las mejores notas, aquella que me llevó a ser la gran veterinaria que soy hoy en día. Pero lo que más me sorprende es que ella recuerde que solo conseguía salir de entre las páginas cuando Jaden venía a por mí, cómo era el único que me hacía despegar mi mente de las responsabilidades que yo misma me imponía y me hacía reír y recordarme que seguía siendo una niña. 

—Ese mismo, la verdad es que sigue muy guapo, pero ahora tiene el pelo largo —le explico. 

Eso parece escandalizarla, y su gesto me hace reír, mientras comentamos lo modernos que son los jóvenes de hoy en día, la observo. Aún recuerdo cuando la vi justo hace una semana, al llegar al pueblo con el susto metido en el cuerpo, un susto que aún sigue un poco clavado en mi corazón. 

Al llegar al hospital recuerdo que estaba en una sala de cuidados intensivos, fue entonces cuando me explicaron que había tenido un infarto cerebral, comúnmente conocido como ictus, por suerte, la intervención de los médicos fue rápida y consiguieron disminuir bastante los daños. Después de pasar dos días en observación, la pasaron a planta, donde tiene una habitación para ella sola y la tratan como a la reina que es. Lo cierto es que hay movimientos que le cuesta hacer y apenas puede ponerse de pie, pero los médicos creen que tendrá una buena recuperación con la debida rehabilitación, donde la enseñarán a volver a comer, caminar y sujetar cosas por sí sola. 

—Hola, señora Adeline —saluda la enfermera, que llega con la bandeja de la comida. 

Yo muevo rápidamente la mesa portátil, ella deja la comida allí y antes de colocar el plato delante de la abuela movemos su cama para inclinarla más. Le acerco la mesa y destapo el plato.

 —Tienes compota de manzana —digo, y ella se hecha a reír. 

No sé cuánto tiempo pasa cuando Blair entra, la abuela ya está recostada y lista para echarse la siesta, y nosotras dos decidimos a ir a tomarnos un café en la planta baja. 

—¿Café con leche de soja? —pregunta, y yo asiento. 

Cuando tenemos nuestras bebidas nos sentamos juntas en una mesa. La observo sonriendo, con su largo pelo y su cara redonda, somos tan diferentes, pero a la vez nos entendemos tan bien, por suerte tenemos la misma edad y me ha acompañado en muchos momentos de mi vida. 

—¿Sabes quién ha vuelto al pueblo? —pregunto. —¿Tú? —responde riendo. —Qué idiota eres —digo dándole un suave golpe, le da un sorbo a su café—. Jaden —sentencio. La veo toser y casi atragantarse. 

—¿Tu amigo guapísimo, Jaden Brown? —pregunta cuando se recupera. 

—Sí, nos hemos chocado esta mañana —le explico. 

Y, mientras le relato lo sucedido, me siento como una adolescente de nuevo. ¿Cómo coño estoy hablando de esto de nuevo?, solo ha sido un simple encuentro con un viejo amigo. 

—Claro que sí, puedes insistir todo lo que quieras, pero las dos sabemos que él era más que tu amigo, siempre te tenía suspirando por donde pasaba —añade. 

—Pero ¿qué concepto tienes de mí? —me quejo—. La abuela ha dicho exactamente lo mismo.

 Hablamos un rato más hasta que decidimos volver con ella, el rato pasa y, cuando llega la enfermera anunciando que hay que despedirse hasta mañana, la llenamos de besos. 

—Hasta mañana, te quiero, viejita —susurro dándole un suave beso en la frente.

 Caminamos juntas hasta el coche que estoy usando estos días, el de mi madre, y la acerco hasta su casa. Son las seis de la tarde y todo está empezando a oscurecerse, Katie me llama justo en ese momento. 

—¿Me invitas a unos vinos o cómo va la cosa? —pregunta en cuanto descuelgo. —Deja que vaya a cambiarme y te recojo —contesto. 

Llego a casa pocos minutos después y, tras aparcar, sonrío al ver la decoración navideña que mi padre se ha encargado de poner con mucho esmero. Luces por todos lados, unos renos luminosos gigantes y un Papá Noel en el tejado. Miro el móvil e inconscientemente voy a la conversación de Mason, desde que lo dejé en la cafetería en Nueva York no hemos tenido contacto, intentó llamarme un par de veces, pero le pedí que dejara de hacerlo. 

Lo más duro fue explicarles a mis padres que la persona con la que había compartido cuatro años de mi vida había roto la relación por irse con otra chica. Ellos me animaron, mamá con su alma sensorial, me dijo que eso era porque el destino tenía algo mejor guardado para mí. 

Niego con la cabeza, prohibiéndome volver a ese bucle negativo, bloqueo el móvil y salgo del coche. Voy directa a casa, aunque no puedo evitar observar de reojo a nuestros vecinos, esa casa en la que he vivido tan buenos momentos, el hogar de la familia Brown y el miedo de encontrarme con él me hace ir más rápida hacia el interior. 

Me maquillo de manera simple lo más rápido que puedo, me quito las grandes gafas de pasta que llevo de diario para sustituirlas por las lentillas y me pongo un brillo sutil en los labios. Busco entre la ropa que he traído en la maleta algo cómodo, pero bonito, para nuestro primer viernes sueltas por el pueblo. Al final me decanto por una camisa negra un poco escotada, pero de manga tres cuartos, y unos pantalones estrechos vaqueros. Los botines negros con un poco de tacón rematan el look. Bajo corriendo para despedirme de mis padres, recojo a Katie y, en cuanto sube al coche, me río ante su vestimenta. 

—Es que eres la caña —le digo—. Pibón, pibón, pibón —finalizo. 

—Hoy partimos la pana, nena —suelta con un tono de voz muy gracioso. 

Yo me río ante sus ocurrencias, nos vamos directas al restaurante italiano más bueno del pueblo, dirigiéndonos después al pub. Entramos, y siento que la gente nos observa, muchos nos saludan y se alegran de vernos por allí, otros simplemente nos miran descaradamente sin decir nada. Blair aparece junto a dos de sus amigas, las saludamos. 

—Está aquí —dice mi prima disimuladamente. 

—Qué? —pregunto confundida. —Jason está por aquí, el jodido está realmente bueno —suelta riendo. 

Miro a Katie, que sonríe, y yo niego con la cabeza, ambas buscamos con la mirada a nuestro alrededor por si lo vemos entre la gente, pero no es el caso.

Hasta aquí el capítulo de hoy, como os he explicado al principio la opción ganadora fue la A.

 Resultado de Instagram: 


Resultado de Wattpad: 

  1. 1
  2. 2

 Resultado en el Blog: 

  1. 1

 Por fin los hemos visto encontrarse, de una manera un tanto especial y con un gran enfado por parte de Abby. Como veis acaba cuando ella esta en la discoteca buscando por Jaden, pero ¿Cómo se encontraran? Vosotros decidís. 

  1. Se encuentran en la barra.
  2. Se encuentran en medio de la pista.

Ahora ya sabemos cómo funciona y os toca a vosotros decir que pasará con ellos.

 Podéis dejarme vuestro comentario en el blog, no os hace falta registraros, y dejarme vuestra opción o podéis ir a mi perfil de Instagram donde dejo abierto el cuestionario en mis historias. 

Si os ha gustado el capítulo os animo a que dejéis un comentario con vuestras impresiones, realmente significaría mucho para mí. 

Nos leemos. ❤️❤️🌻


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