Capítulo 2 - Un baile de invierno


16 Nov
16Nov

JADEN


Escucho las llaves en la cerradura mientras lleno la taza de café con leche.

 —¡Ya he llegado! —grita Niall a todo pulmón. 

—Lo he escuchado, no hace falta que grites —respondo yo. 

Él aparece a los pocos segundos por la puerta de la cocina, abrigado hasta los ojos azules, dejando su pelo moreno descubierto. 

—Buenos días, amigo —dice él—. Veo que te has despertado con mucha alegría —ironiza.

 Busco algo cercano que lanzarle y doy con una naranja que acaba impactando contra su hombro. 

—Sabes que soy de mañanas lentas —añado lanzándole una mirada de odio. Sin añadir nada más deja una bolsa llena de rollitos de canela, y una sonrisa se instala en mis labios.

 —Si es que te tengo que querer —indico feliz cogiendo uno y dándole un buen mordisco. 

—¿¿Hoy al final vamos a la fiesta?? —pregunta sirviéndose un café solo en una taza. 

Asiento mirándolo.

 —En cuanto acabe el último pase te recojo —explico. 

Desayunamos juntos, me está explicando que tiene que ir esa misma tarde al estudio, porque mi amigo, que se mudó del pueblo para vivir conmigo hace apenas un año, se está haciendo hueco en la industria musical, porque hay que reconocer que tiene un talento increíble, ese estilo country moderno que muchos quisieran tener.

 Estamos entretenidos hablando de sus últimas canciones cuando mi móvil suena. Voy hasta el salón para buscarlo, el nombre de mi madre aparece en la pantalla. 

—Buenos días, mamá —contesto. 

—Hola, cielo, ¿cómo estás? —pregunta ella al otro lado. 

—Acabando de desayunar —informo. 

—Cariño, es casi mediodía en Nueva york —dice ella. 

—Y ya sabes que yo tengo los horarios un poco girados —le recuerdo. 

—Bueno, quería hablar contigo, ayer tu hermano vino a vernos —empieza a hablar ella. 

Respiro hondo, ya que cuando las conversaciones empiezan así es porque algo ha pasado. 

—Directa al grano, no intentes aplanarme el terreno, que nos conocemos —pido. Casi puedo verla sonreír al otro lado, moviéndose nerviosa por la cocina de casa. 

—Hemos decidido cancelar el viaje a Hawái, cielo. Este año celebraremos las Navidades en casa —suelta. 

Me quedo callado un momento, ni de coña pienso dejar que me fastidien mis vacaciones paradisiacas. 

—¿¡Cómo!? Pero si ya habíamos comprado todos los billetes —le recuerdo. —Cielo, Susanna está embarazada —responde ella. 

Parece que olvido cualquier palabra que el diccionario pueda contener. Me cago en todo, que voy a volver a ser tío, y en este momento no sé si saltar de alegría o llorar por no poder ir a las islas. 

—Pero ¿¡desde cuándo!? —pregunto. 

—Pues está de casi tres meses y está teniendo un embarazo muy malo, le han pedido que esté en reposo —me explica—. Por lo que entre todos hemos decidido que lo mejor será celebrar las Navidades en casa este año. 

Maldigo en mi interior, pero no puedo negarme a pasar las vacaciones en familia, por mucho que me muera por decir que no cancelen mi vuelo, que me voy solo. Es una de las pocas fechas al año que podemos estar todos juntos, porque otra cosa no tenemos, pero somos una familia bastante numerosa. 

—¿¿Y ahora qué?? Tengo que comprar un billete nuevo —resoplo. 

—Nosotros te lo pagamos con lo que nos devuelvan de los nuestros. —Ella siempre pensando con antelación. 

Hablamos un rato más y cuelgo la llamada, el chafardero de mi amigo aparece a los pocos minutos con una sonrisa enorme. 

—Me parece que alguien se vuelve conmigo a Owergold —suelta de repente. Le lanzo una mirada de odio, pero su entusiasmo me acaba ganando—. ¿Cuánto hace que no lo celebras allí? ¿Siete u ocho años? 

Lo medito, lo cierto es que el viajar a Hawái es una tradición familiar desde hace años, mis dos últimos cursos de instituto ya viajamos a las islas para celebrar unas fiestas calurosas. 

—Pues más o menos, será raro volver a vivir unas Navidades pasadas por nieve. —Niego con la cabeza.

 Después de comer sigo pensando en cómo será volver al pueblo durante estas fechas, lo cierto es que hace muchos años que no soy capaz de ver a todos mis amigos a la vez y quizás con la excusa podré hacerlo. Voy en el Uber de camino al teatro. Hoy, al ser viernes, tenemos doble pase y la presión es mayor. 

En cuanto entro saludo al portero y a toda la gente que me encuentro. Cruzo por el anfiteatro, observo cómo ahora está vacío y hay gente moviéndose por el escenario preparando el ensayo. 

—Buenas tardes —saludo cuando llego. Todos me saludan de vuelta, y yo me voy directo a mi puesto de trabajo, detrás del control de luces y sonido. 

—Buenas, jefe —me saludan. 

Y enseguida nos ponemos manos a la obra, de nosotros depende que el sonido sea perfecto y las luces funcionen de perlas, en definitiva, que todo el juego audiovisual que acompaña a la obra sea perfecto. Me coloco el walkie talkie, y empezamos la jornada laboral. 

Varias horas después, tras un ensayo general y dos pases, salgo directo al taxi cuando alguien salta sobre mí, abrazándome por la espalda, su perfume floral me rodea. 

—Vienes a la fiesta, ¿verdad? —pregunta Grace. 

—Por supuesto, tengo que ir a casa, pero no me perdería esa fiesta navideña por nada —contesto sonriendo y girándome para besarla. 

Allí está, la artista principal, ronroneando propuestas indecentes entre mis brazos, y yo sintiendo unas ganas brutales de arrinconarla contra la pared. 

Me separo de ella y prometo que nos veremos en pocas horas. En cuanto llego a casa, Niall me está esperando con la cena lista, mi amigo es un manitas para todo. Cenamos juntos y justo al salir por el portal recibimos una alerta en el móvil, a la vez.

 —Qué raro —susurro. 

Miramos el móvil y nos encontramos con el mismo mensaje: 

Jaden Brown, ha sido usted añadido a un evento para el próximo veinticinco de diciembre. 

—¿Cómo coño pueden saber que vuelvo al pueblo? —pregunto asombrado.

—Tranquilo, fiera, creo que es un mensaje general para todos, mira cuántos invitados —dice él enseñándome la lista del evento. 

El taxista pita en ese momento y quitándonos esa alerta de la cabeza nos vamos a disfrutar de la noche. 

❄️

 —¡¡Allí está!! —anuncio emocionado al ver a mi hermana. 

Ambos ponemos rumbo con las maletas de mano, por suerte, al ser diecisiete de diciembre, aunque sí hay bastante gente, no está el aeropuerto a reventar. 

Su preciosa melena morena baila de un lado a otro cuando se acerca a nosotros, la abrazo, achuchándola fuerte, y luego dejo que salude a Niall.

 Los tres ponemos rumbo al coche y durante todo el trayecto nos ponemos al día, tanto que se me pasa volando. Al entrar en el pueblo observo a mi alrededor, cuántos años sin verlo durante estas fechas, todo está cubierto por la nieve y las luces brillan por todos lados. La diferencia con la Gran Manzana es tan notable, aquí es todo más acogedor, los escaparates están repletos de decoración navideña y la gente pasea con una sonrisa en la cara, olvidándose del estrés de atascos o los movimientos típicos de las grandes ciudades. 

Aquí todo es más lento, más tranquilo, y recuerdo aquellos años en los que yo paseaba igual que ellos, sin preocupaciones. 

—¿Os apetece parar a por un chocolate caliente antes de que os lleve a casa? —pregunta Camila. 

—Por mí perfecto, tengo un hambre horrible —añade mi amigo. 

Yo asiento conforme, gira el volante para dirigirse a la cafetería de Nicola, la más antigua y acogedora del pueblo. 

Aparcamos y salimos, y no puedo evitar sentir ese olor a libertad, a aire fresco y familiaridad. Porque eso es Owergold: hogar, casa. Casi puedo sentir el sabor de las galletas de la receta especial de Nicola cuando nos acercamos a su local. 

—Madre mía, voy a pedir por lo menos cuatro rollos de canela. —Sonrío feliz. 

—Al final te sale cara de canela —dice Niall. 

—Desde que tengo memoria, es adicto a ellos. —Ríe mi hermana. 

—Perdonad que os diga, pero es el mejor manjar que ha creado la humanidad —suelto yo defendiéndome. 

Voy a entrar en el local cuando noto que la puerta se mueve.

Hasta aquí el capítulo de hoy. Ya empezáis a conocer a los dos protagonistas y sus acompañantes durante esta historia. Como veis acaba cuando Jaden abre la puerta, por lo que nos toca el primer capítulo interactivo. decidir qué queremos que pase con la siguiente escena. 


  1. Abby sale del local, chocándose de frente con él y siendo manchada por completo por el café caliente que lleva en la mano.
  2. Jaden se tropieza con Abby y, con sus galas neoyorquinas de recién llegado al pueblo, acaba en el suelo completamente manchado.

Como os explique en la introducción los capítulos sin interactivos. Ahora os toca a vosotros decir que pasará con ellos, que tan desastroso podrá ser su encuentro. 

Podéis dejarme vuestro comentario en el blog, no os hace falta registraros, y dejarme vuestra opción o podéis ir a mi perfil de Instagram donde dejo abierto el cuestionario en mis historias. 

Si os ha gustado el capítulo os animo a que dejéis un comentario con vuestras impresiones, realmente significaría mucho para mí. 

Nos leemos. ❤️❤️🌻

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