Capítulo 13 - Un baile de invierno.


07 Dec
07Dec

JADEN

En cuanto toco a la puerta escucho que me invitan a entrar, el calor de la estancia me envuelve enseguida y, al verlas, sonrío. 

—Hola, Adelina, qué bien te veo, que no te engañen los médicos porque estás más guapa que nunca —le digo a la mujer acercándome para darle un beso. 

Ella, como siempre, acepta encantada el acercamiento y, cuando miro a Abby, esta sonríe por mi familiaridad con su abuela. 

—¿Cómo estás, joven? —pregunta la señora—. No entiendo esta moda de dejaros el pelo largo, mi nieto está igual. 

—Porque nos hace más interesantes —respondo, y ella suelta una leve carcajada.

 —Pensaba que ibas a avisarme cuando llegaras —dice de repente mi amiga. 

—Lo cierto es que iba a esperarte aparcado en el coche, pero me he encontrado con tu hermano, me ha dicho que podía subir sin problema —relato la situación—. Y ¿para qué negarlo?, tenía ganas de ver a esta hermosa señora. —Le guiño un ojo a su abuela. 

—Exacto, a mí la visita de un hombre joven y guapo me alegra el día. —Ríe ella.

 Cojo una silla y me siento al lado de Abby mientras conversamos con su abuela. 

—¿Cómo va tu vida por Nueva York? ¿Eres ya una veterinaria de renombre? —me intereso observándola de reojo. 

—Ojalá, pero aún me queda un largo camino, por lo menos ya estoy trabajando y después de casi seis años he acabado de estudiar —responde ella. 

—Seis años, dice, llevas estudiando para esto desde que quisiste salvar a aquel pajarito que se cayó del nido —le recuerdo. 

Suelta una carcajada de esas vibrantes y me hace observarla embobado. 

—Siempre habéis sido un buen equipo —añade la abuela. 

—¿Incluso cuando te robábamos las galletas en Navidad? —Hago memoria de nuestras trastadas. 

—¡¡Así que erais vosotros!! —suelta Adelina haciéndose la ofendida, eso nos hace soltar una carcajada. 

Pasamos un rato más hablando y recordando viejas jugarretas, cuando aparecen Nick y Jay, tan diferentes entre ellos, los tres hermanos en realidad: el mayor con pelo corto y aura serena; el mediano con su aire rockero bohemio, y por supuesto la más pequeña, Abby, con su dulce aspecto,  pero una gran leona de corazón, los tres comparten el tono azul de ojos. 

—¿Cómo estás, vecino? —pregunta Nick acercándose para darme un buen apretón de manos. 

—Como siempre, ya me conoces —respondo. 

Mantenemos una conversación corta y enseguida recuerdo que tenemos muchas cosas que hacer, observo a mi amiga, que está escuchando a su hermano, pero parece notar mi mirada porque enseguida conectamos. Le hago una señal con los ojos hacia la puerta, ella asiente. 

—Bueno, familia, nosotros nos vamos a preparar un baile —se despide ella, se acerca a su abuela y le dice algo al oído, esta asiente sonriendo. 

—Dejadlo todo perfecto para ese día —nos pide ella—. Cuántos recuerdos —susurra nostálgica. 

—Ya verás, abuelita, que podremos llevarte para disfrutar de la música —le dice su nieta. 

Nos despedimos de todos y salimos, caminamos hacia mi coche. 

—La veo bastante bien, ¿no? 

—Sinceramente, sí, está mejorando día a día, empieza la rehabilitación mañana por la mañana, y aquí estaré para ayudarla en lo que pueda, no soy médico, pero prefiero estar yo con ella. —Asiente ella. 

La guio hasta el coche. 

—Hoy tenemos preparado un tour para encontrar las luces navideñas perfectas —informo. —Pero ¿no teníamos luces ya? —pregunta. 

—Sí, pero necesitamos más, me gustaría que buscáramos una buena temática al baile para poder poner las luces acordes —respondo. 

—¿¿Eso no lo hacen los de decoración?? Lo de la temática, digo. 

—Sí, pero las luces son imprescindibles y si conseguimos encontrar algo brutal seguro que nos dejan cambiarlo, eso sí, tenemos que hacerlo entre hoy o, como mucho, mañana, porque si no nos dirán que no sin dudar —explico. 

La veo dudar, me estudia desde detrás de las gafas, pero al final asiente. 

»Señorita, hoy empieza su camino de luces, por favor, átese el cinturón y pongámonos en marcha —digo de broma, la veo sonreír. 

Durante el camino dejo que la música suene a nuestro alrededor. 

—Pero ¿me vas a decir exactamente dónde vamos? —A encontrar muchas cosas brillantes para Navidad —le contesto. 

—Pues qué respuesta más general, veo que eso de hacerte el misterioso no ha cambiado con los años —suelta. 

Le enseño la lengua en plan burla mientras entramos en el coche y ponemos camino a nuestra primera parada. La tienda de luces Larry e hijos. En cuanto entramos las luces navideñas nos rodean, Abby sonríe como una niña y señala a varias figuras gigantes preciosas. 

—¡¡Son espectaculares!! —dice emocionada. 

—Lo sé, por eso creía que aquí podríamos encontrar algo que nos inspire para la fiesta —respondo acercándome a ella y rodeando sus hombros con mi brazo. 

Ella me mira sonriendo, veo que se sonroja un poco y de nuevo tengo esas ganas locas de decirle lo muy equivocada que está conmigo. Porque entiendo todas y cada una de las palabras que me dijo en la conversación de ayer, quiero decirle que yo también sufrí, que también la amé en silencio y que tenerla así solo me hace revivirlo todo de nuevo. 

—¿Puedo ayudaros? —pregunta un hombre, ella se aparta de mí. 

—Sí, somos los encargados de la luz y sonido de la fiesta benéfica de Navidad —responde—. Yo soy Abby, y él es Jaden, queríamos saber si podría asesorarnos un poco para saber por dónde deberíamos tirar. 

—Por supuesto, acompañadme —pide. 

Y los tres juntos nos dirigimos a un escritorio, empieza a hablar y a explicarnos diferentes estilos por los que podemos optar, juegos de luces, etcétera. Pero ninguno acaba de convencerme, mientras él habla, yo miro de reojo a mi amiga, que parece entender mis dudas y amablemente nos despedimos de Larry, llevándonos un par de catálogos. 

—Qué poco convencido te veo, creo que necesitamos algo más que solo visitar una tienda de luces —dice ella en cuanto caminamos uno al lado del otro hacia el coche. 

—¿¿Qué quieres decir?? 

—Pues que eres muy original siempre, tienes ideas claras y te gusta llevarlo todo al dedillo, pero, en cambio, te veo super perdido ahora mismo con esta tarea —suelta. 

Me freno de golpe. 

—¿Alguna idea, señorita sabelotodo? —replico. 

—Pues la verdad es que sí, pero necesito que me invites a comer primero, luego me dejes en mi casa por un rato y me recojas sobre las siete de la tarde —responde ella seria. 

Dudo, pero al final cedo ante sus palabras, su sonrisa es la culpable. La invito a comer en el restaurante italiano del pueblo. Ella pide una pizza de queso, y yo tallarines al pesto rosso, como si el tiempo no hubiera pasado desde la última vez compartimos la comida. 

—¿¿Cómo es tu vida en la ciudad?? —se interesa mientras le da un bocado a su pizza

—Pues la verdad es que muy buena, apenas hace unos pocos años que vivo allí, me surgió una gran oferta de trabajo, acepté y, desde entonces, allí estoy —explico. 

—¿¿Oferta?? 

—Sí, soy el director de sonido de una gran producción de teatro en Brodway. —Me mira abriendo levemente los ojos, y ese gesto me hace sonreír. 

—¡¡Vaya!! Sabía que llegarías lejos, pero esto es increíble, que sepas que como amiga estoy muy orgullosa de ti —añade. 

Nervioso llevo la mano a mi pelo, lo peino tirándolo hacia atrás mientras una sonrisa se dibuja en mis labios. 

—Gracias, la verdad es que me apasiona mi trabajo, conozco a mucha gente de la industria —explico—. Aunque tengo que admitir que me tiene los horarios un poco girados, trabajo mayormente por la tarde-noche. 

—Pero ¡¡trabajas en Brodway!! —suelta emocionada y su gesto me hace reír. 

—Sí, eso es verdad. —Asiento—. ¿Y tú qué? 

—Yo soy veterinaria en una clínica del centro, la verdad que soy muy feliz, Jaden, sabes cuánto he luchado para poder llegar a esto. —Yo asiento—. Estoy satisfecha de saber que poco a poco llego a mi meta, me queda mucho camino, pero ya voy por el lugar indicado —explica. 

—Siempre supe que serías la mejor, porque siempre lo fuiste —le recuerdo. 

—Bueno, Katie tiene lo suyo, no trabajamos en el mismo centro, pero la verdad es que adoro haberla encontrado por este camino loco —añade. 

—¿Cómo acabaste siendo la mejor amiga de alguien del pueblo estando en Nueva York? Me parece supercurioso —pregunto. 

—La verdad es que fue una maravillosa coincidencia, ella por problemas familiares tuvo que empezar la carrera más tarde, coincidimos allí y ya nunca más nos separamos, somos vecinas y, bueno, vivimos juntas sin hacerlo. —Ríe. 

Y así, como quien no quiere la cosa, empieza a pasar la tarde, la comida da para un café en Nicola y nos vamos poniendo al día como si el tiempo no hubiera pasado, al principio es algo extraño, pero la familiaridad va tomando el control, las bromas vuelven a fluir entre nosotros y, como si no hubiera pasado nada, volvemos a ser los amigos que una vez fuimos. 

Miro por la ventana para observar que la noche ya ha caído en el pueblo. 

—¡Es de noche y no hemos comprado ni avanzando en nada! —Me acelero. 

—Tranquilo, esa era la idea, pero a diferencia de mi plan inicial hemos pasado la tarde juntos. —Sonríe ella guiñándome un ojo. 

Su gesto me hace sentir un cosquilleo por todo el cuerpo. 

—Pues tú dirás qué vamos a hacer —digo. Ella se levanta, me invita a hacerlo también, y nos despedimos saliendo del pequeño local. 

—Vamos a caminar un poco, espero que lleves calzado cómodo —informa. 

Asiento, temeroso por lo que pueda venir, y me indica con la cabeza por dónde empezaremos el camino. Intento adivinar por qué estamos allí, hasta que me indica que mire a mi alrededor. 

Estamos en plena calle del centro, donde todas las luces navideñas iluminan la estampa blanca que hay por todos lados debido a la nieve. 

—¿Qué te parece? —pregunta ella sonriendo—. Desde que soy pequeña me encanta pasear por estas calles, disfrutar de esta libertad iluminada que nos regala nuestro precioso pueblo. —Asiento observándolo todo, maravillado, la gente camina a nuestro alrededor, pero yo me centro en absorber toda esa preciosa luz que nace de cada pequeña esfera, cogiendo ideas de juegos de colores. 

»Vamos, que tengo aún algo mejor que enseñarte. —Y me coge de la mano, entrelazándolas. 

Caminamos de nuevo al coche, me roba las llaves y conduce ella, dirigiéndose a casa, aparca delante de mi puerta y bajamos del vehículo. 

—Venga, ahora nos toca un paseo por aquí. —Vuelve a repetir el gesto.

 Une nuestras manos y empieza a tirar de mí hacia una calle trasera. 

—¿Y ahora? 

—¿No te han dicho nunca que nuestra calle es la mejor decorada del pueblo? —pregunta ella, y niego con la cabeza. 

Empezamos a caminar, observando todas las casas decoradas, algo que no había hecho nunca. Veo desde las más extravagantes hasta las más sencillas, algunas tienen villancicos puestos de fondo, y eso me hace sonreír. 

Poco a poco voy formando una idea de lo que me gustaría intentar enseñar en el baile.

 —Creo que ya sé qué podemos hacer. —Sonrío frenando a Abby para que me mire.


Hola lectores, 

Siento la desaparición estos días, he estado con la cabeza poco centrada y, aunque tenia muchas ganas de seguir escribiendo, no me he visto con fuerzas. Pero ya estoy de vuelta y con más ganas que nunca. 

Sobra las actualizaciones de capítulos, intentare que sean diarias, pero puede ser que no lo sean. 

Durante esta semana de desconexión me he dado cuenta de que no pasa nada si no llego a todo, no pasa nada si un día no subo capítulo porque lo hare cuando pueda, con las mismas ganas y entusiasmo.

Este capítulo no es interactivo, igualmente os pido que, si queréis aportar algo, sugerir alguna frase o situación estaré encantada de apuntarla para que ellos la vivan. 

Podéis dejarme vuestro comentario en el blog, no os hace falta registraros.  Si os ha gustado el capítulo os animo a que dejéis un comentario con vuestras impresiones, realmente significaría mucho para mí.

 Nos leemos. ❤️❤️🌻

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