Capítulo 11 - Un baile de invierno


25 Nov
25Nov

JADEN

No tengo ganas ni de moverme, el dolor sigue taladrándome la cabeza y, por muy mal que quede, sigo con las gafas de sol dentro del gimnasio del instituto. 

—Aún no me lo creo, de verdad, vaya mierda de amigo que tengo —susurra ofendido Niall sentado a mi lado—. ¿Os fuisteis de fiesta sin mí? 

—¿Pues no ves la cara de Camila? —Le señalo a mi hermana, que está hablando con Rob y otro organizador.

 Ella es psicóloga en prácticas, justo este año ha acabado la carrera y volvió sin duda al pueblo para poder trabajar con los niños de aquí, por lo que es una de las principales organizadoras del evento. Cuando le comenté que Rob y Mery me habían convencido casi le da un ataque de la emoción. Aunque lo realmente divertido ha sido verla despertarse esta mañana en casa con la resaca más grande del año. 

—Esta me la compensas —me dice. 

Todos se acercan y nos callamos. Somos unas diez personas en total, los cuatro organizadores, nosotros dos y el resto son gente del pueblo que no conozco demasiado.

 —Perdonad el retraso. —Escuchamos que dice alguien entrado por la puerta grande. 

Nos giramos para observar quién es y siento un ligero chispazo en el pecho, allí aparece Blair y tras ella, Katie y Abby, ambas con gafas de sol, y eso me hace reír. Susurran algo entre ellas dos. 

—Disculpad, hemos tenido unos problemas con el coche —informa Blair acercándose, veo que lanza una mirada a la chica del pelo corto, y ella esboza una sonrisa. 

Eso significa que han ido a rescatar su coche del parking del market. Pero mis ojos viajan de nuevo a la rubia que va con ellas, lleva un moño alto, las gafas de sol y va vestida con una gran sudadera y unos leggins; como siempre, combinando a la perfección los colores, una de sus grandes manías, si lleva un jersey rosa los zapatos son rosas, si lleva uno verde, pues zapatos verdes y así siempre. 

—Buenos días —saludan ellas dos. 

Camila las mira sonriendo, pero yo no dejo de mirar de reojo a Abby, que ha ido junto con su amiga a por tres sillas más, Katie las arrastra. 

—Puedes no arrastrar las sillas —la regaña casi en un susurro la rubia. 

—¿Tienes tú fuerza para levantarla? —Niega con la cabeza—. Pues ya está —dice esta. 

Todos las miramos divertidos. Se colocan en la otra punta del semicírculo, esperando. 

—Buenos días, mi nombre es Caleb. Como ya sabéis, soy el encargado de la organización de la fiesta benéfica de estas Navidades, gracias a todos por presentaros voluntarios —empieza. 

Pero dejo de escuchar, las palabras no entran en mi mente porque yo solo puedo mirar a Abby, que finge estar atenta, pero por el movimiento continuo de su pierna sé que está nerviosa, ignoro si es por verme allí, por lo que pasó ayer o por la resaca. 

Las imágenes de la noche anterior regresan a mí, haciéndome sentir de nuevo sus carnosos labios en los míos, el gusto tan dulce que dejó en mí cuando nos separamos, la desesperación con la que nos aferramos al otro, su cuerpo y el mío perfectamente complementados. Joder, joder, joder, solo de pensarlo vuelvo a ponerme cardiaco. Fueron muchos años deseando ese acercamiento, muchos en los que ella regresaba a mi mente cuando no debía, pero, aun así, siempre estaba. Porque hay sentimientos que no hace falta verbalizar, no hace falta hacer tangibles para saber que están, porque alguien puede llegar y con una simple palabra desmoronarte el alma. En cambio, puedes sentir el mayor de los placeres carnales con alguien y ni siquiera acercarse a un dos por ciento de lo que la otra persona te puede hacer sentir. 

Con ella siempre fue así, desde pequeños, clavándose lentamente y bien hondo, pero ¿por qué iba a fijarse en el graciosillo de turno? Ella, tan lista y centrada, tan pura y sensible, no, ella no estaba hecha para mí y por eso nunca me acerqué más allá de una amistad, pero ayer algo cambió, más mujer que nunca, con sus sonrisas provocadoras y ese misterioso halo que la rodeaba, todo se giró, todo se descontroló y puedo decir que amé cada puñetera sensación que creó en mi interior. 

—Jaden. —Me da un codazo Niall haciéndome volver al mundo real. 

—Perdona, ¿qué? 

—Que están empezando a crear grupos —dice para que me integre. 

—Pues hemos pensado en asignar tareas, aunque luego la decoración y la puesta a punto sea cosa grupal —sentencia Mery.

 Empiezan a repartir las tareas y sé cuál será la mía, porque la petición de Rob venía con una idea clara. 

—Jaden, serás el encargado del sonido, luces, el tema técnico y de contratación o alquiler de todo lo que ello requiera —suelta mi amigo, aprovecho para levantar las gafas de sol y las coloco en mi pelo.

 —Perfecto. —Asiento yo, y mi boca sigue hablando antes de que mi mente pueda frenarla—. Es mucha responsabilidad, así que me gustaría contar con Abby Harris para ayudarme a organizarlo todo —suelto sin más. 

Ella, que estaba hablando con Katie, se gira para mirarme, veo cómo el rojo de sus mejillas sube y le guiño un ojo. 

—¿¿Yo?? —dice al final, yo asiento, la gente nos observa—. Pero si para este tema tienes a Niall, que es músico profesional y entiende del campo —suelta. 

—Lo siento, pero Niall tiene que preparar el espectáculo, tocará en directo y tiene que organizarse, ensayar y, además, será ayudante activo de decoración —sentencia Camila. La rubia se quita las gafas y nos observa a todos, las miradas están en ella. 

—Yo no conozco a nadie más organizado que tú, si alguien puede controlar a este chico, esa es, sin duda, Abby Harris —añade Blair. 

No sé si alegrarme o mosquearme por esa frase, la observo de nuevo, nuestras miradas se cruzan fugazmente, veo que coge aire. Vamos, Abby, sabes que tenemos muchas cosas que hablar, mejor cuanto antes. 

—Vale, ayudaré a Jaden. —Asiente ella, la sonrisa se dibuja automáticamente en mi boca.

 —Y, para finalizar el tema de entradas, la publicidad la gestionaré yo misma con la ayuda de Katie —finaliza mi hermana. 

La miro sorprendida, la chica del pelo corto acepta enseguida, ¿está mi hermana interesada en ella? Porque ayer podía estar muy concentrado en Abby, pero no dejaba de ver el tonteo que se traían entre ellas. 

—Pues hoy mismo recibiréis la propuesta de la que os hemos hablado por email, lo ideal sería empezar a planificar y tener las cosas claras para la reunión de mañana por la tarde, pensar que tan solo quedan seis días para el baile. 

Todos asentimos, dando por cerrada la sesión. 

—Tengo muchas cosas que contarte, colega, pero ahora mismo tengo que hacer algo, llámame luego —le digo sin más a Niall. 

No me da tiempo de ver lo que quiere contestarme porque me alejo rapidísimo para impedir que Abby se vaya. 

—Buenos días, chicas, ¿cómo va esa resaca? —pregunto. 

Las dos me miran al momento dejando su conversación a medias. 

—La nuestra la soportamos, que no es poco. A la que admiro es a tu hermana, qué entera está para como la dejamos ayer —contesta Katie. 

—Yo en su estado hubiera pasado en cama cinco días —añade Abby. 

—Bueno, los Brown tenemos mucho aguante —explico yo—. ¿Te importa si nos ponemos a trabajar cuanto antes? Este tema lleva su tiempo de organizar. 

La rubia me mira un momento, veo que está dudando, sabe que en algún momento vamos a acabar hablando de lo sucedido ayer y salgo, me dice que quiere retrasarlo, pero no se lo voy a permitir, no pienso dejar que huya más. 

—¿Ahora?

 —Sí, cuanto antes empecemos, mejor —sentencio. 

—Pero… 

—Me llama Camila, os dejo trabajando —suelta de golpe Katie, no nos da apenas tiempo ni de despedirnos. 

Observo la cara de Abby, está claro que no quiere hablar de lo sucedido. 

—Vale, de acuerdo —acepta al final—. ¿Por dónde empezamos? —pregunta. 

—Creo que deberíamos ir a ver el almacén, por saber qué guardan de anteriores bailes que nos pueda ser útil —propongo. Ella asiente.

—Vamos a por la llave entonces —dice ella. 

Ambos nos dirigimos en silencio hacia Rob y Mery, que en cuanto nos ven llegar saludan a Abby felices de verla, nos entregan la llave encantados y nos explican más o menos dónde está todo colocado. 

Salimos acto seguido del gimnasio, al ser sábado está completamente vacío. 

—Por las escaleras —dice ella caminando hacia allí. 

Bajamos hasta el sótano, dos plantas, y en cuanto abrimos encontramos un gran almacén con diferentes pequeñas habitaciones. 

—No recordaba esto tan grande —susurra maravillada. 

—¿Aún recuerdas cómo te obligué a acompañarme para buscar los caballetes de la clase de arte? 

—¡Claro que me acuerdo! Una araña me atacó —responde ella—. Qué mal lo pasé —sentencia. 

—Pero si era superpequeña —le recuerdo. 

—Pues bien que te moriste de miedo tú también —contrataca sacándome la lengua con una mueca. 

—Eso no es cierto, fue tu grito lo que me asustó —me defiendo. 

Ella niega con la cabeza mientras sigue adentrándose en el gran almacén. Miramos maravillados por todos lados, tantos recuerdos de tantas generaciones aquí guardados, la de personas que se encontraron en sus vidas en este sitio, las que se perdieron, porque de alguna manera todos seguimos atados a este lugar. 

—¡¡Aquí!! —anuncia ella girándose para indicarme el lugar. 

Camino rápido y en cuanto llegamos al gran espacio miro alucinado todo lo que hay, grandes altavoces, luces de Navidad y demás material que suelen usar en estos eventos. 

—¡¡Eres la mejor!! —digo dándole un golpe hombro con hombro cuando me coloco a su lado—. Vamos a ver qué podemos salvar de todo esto, luego iremos al teatro para ver qué tienen por allí. 

Asiente, nos ponemos a mirar, descartamos algunas cosas, amontonamos en otro lado mientras charlamos de nuestros compañeros de clase, pero mi mente insiste una y otra vez en que le hable de la noche anterior. 

—Abby, sobre lo que pasó ayer… 

—No —suelta ella de golpe levantando la cabeza, veo que coge aire—. No quiero hablar de ello ahora, creo que… 

—No vayas a decir que fue un error porque me sentiría tremendamente ofendido —le pido observándola. 

Está en el otro lado de la estancia, rodeada de cables y luces de Navidad. Sus ojos se encuentran con los míos, su respiración está acelerada. 

—Pues entonces no me hagas decir nada —pide ella.

 Sus palabras me dejan noqueado, ¿siente que fue un error? De verdad algo tan increíble como lo que pasó ayer es un error a su forma de ver. Suelto todo lo que tengo en la mano y me acerco a ella. 

—¿Crees sinceramente que lo que sucedió ayer fue un error? —le pregunto, la respuesta puede dolerme más de lo que estoy preparado para soportar, pero necesito que conteste. 

Veo que se tensa, aun así, sigo mi camino hasta ella, quedando a poca distancia. Coge aire profundamente, meditando sus palabras y eso hace que me acojone todavía más. 

—No lo sé Jaden, no lo sé —espeta. 

Me llevo la mano al pelo, lo muevo nervioso intentando colocarlo bien, pienso. 

—Vale, necesito saber que te pareció tan jodidamente flipante como a mí —suelto mirándola a los ojos, que se abren levemente. 

—¿Te pareció flipante? —susurra ella indecisa. 

—Claro que me pareció flipante, Abby, toda tú siempre me has parecido demasiado increíble —explico. 

Ella niega con la cabeza, sus ojos pasan del asombro al rechazo, lo puedo ver claramente. De nuevo, algo se cruza por su mente. 

—No, no te lo he parecido siempre, Jaden, lo dices ahora porque ayer conseguí desconcentrarme y bajar mis barreras por culpa del alcohol —contesta—. Pero esa misma sustancia es la que te hizo verme de otra forma ayer. 

Alucino, porque no tengo otra manera de pensarlo, ella no tiene ni idea de todas las veces que he soñado que lo de ayer sucedía. 

—No lo entiendes, tú…, lo de ayer… 

—Lo de ayer fue un error, estábamos borrachos y no tenemos por qué seguir insistiendo en eso —dice ella cortando mis palabras—. Son muchos años de amistad, otros tantos que hemos estado separados y, joder —suelta frustrada—, no quiero dejar que todo esto afecte de nuevo a mi vida. Por eso te pido, por favor, Jaden, que hagamos como que nunca pasó y disfrutemos de estas Navidades. 

—No lo entiendes, de verdad que no quieres escucharme. —Me empiezo a enfadar yo. 

—Claro que no quiero escucharte, porque sé que lo que digas va a acabar haciéndome daño, no es la primera vez que pasa —responde. 

—¡¡Joder!! ¡¡Para ya de estar así de misteriosa!! —Subo yo esta vez el tono de voz—. No puedo dejar de darle vueltas a lo que me dijiste ayer, siempre te las das de valiente, siempre la más sincera y enfrentando a medio instituto por no tener tus valores y, precisamente conmigo, ¿no eres capaz de centrar las ideas? ¡¡Bravo, Abby, bravo!! 

Me mira alucinando, he tocado un botón bastante duro para ella. 

—¡¡Estaba jodidamente enamorada de ti, Jaden Brown!! Lo he estado cada puto segundo de mi vida desde que tengo recuerdos, y tú estás en ellos, lo veía todo el mundo. ¡¡Todos!! Menos tú, que seguías disfrutando del resto de las chicas, saliendo con unas y con otras y, para rematar el asunto, la pobre y tonta Abby siempre estaba a tu lado, sonriendo y fingiendo que estaba bien. —No me jodas, ¿ella…? Intento centrar mis ideas, intento recordar cada momento que hemos vivido juntos, buscar esas señales, recordarla. 

»Y ahora lo he superarlo, he conseguido ser feliz, conocer a otra persona y seguir adelante sin que seas el puñetero centro de mi vida —sigue—. Por ese mismo motivo desaparecí de tu lado, quería ser simplemente yo sin la sombra de Jaden Brown acompañándome a todos lados. 

Sus palabras llegan como una jodida tempestad de nieve, pienso en lo que todo esto significa, en lo que pudimos haber sido, pero por mi estupidez nunca fuimos. 

—Abby, yo… 

—¡¡Esto es lo que no quería!! Que te compadecieras de mí, la pobre y empollona Abby enamorándose de ti. No necesito que me digas nada para reconfortarme, lo que necesito es que, por favor, hagas borrón y cuenta nueva. Vamos a tener que vernos mucho estos días, y yo solo necesito que seamos nosotros, los amigos de toda la vida sin sentimientos de por medio —me pide. Sus ojos llenos de lágrimas me parten por dentro, su manera de suplicarme que olvide el tema, que intente seguir adelante después de esta confesión. ¿Cómo coño le suelto yo ahora que me ha tenido siempre en sus manos, que siempre fue mi persona favorita en el mundo? 

»Por favor, deja el tema ya, olvida el beso y deja que siga viviendo como lo hago desde hace seis años, tranquila y sin un constante dolor en el pecho —me lo suplica con la mirada. 

—Está bien —acepto y en cuanto suelto las palabras me arrepiento porque lo que realmente quiero decirle es que para mí siempre fue ella, que nunca dudé de eso, pero que mi cobardía y el miedo a ser rechazado me mantuvieron atado sin dar el paso que me tocaba. 

—Por eso ahora vamos a fingir que todo sigue igual, ahora necesito tomar el aire —suelta y, antes de que pueda decir nada, se da media vuelta y sale del almacén. 

Me quedo unos segundos pensando, intentando digerir todas esas palabras y al final decido salir yo también al patio. Necesito ser sincero y sacar este nudo que se ha formado en mi pecho. 

Pero en cuanto llego donde ella está la encuentro abrazando a alguien y me tengo que frenar.


Hasta aquí los capítulos de hoy, siento la desaparición durante un día, pero quería dar la oportunidad de votar a la gente que lo hacia normalmente en Instagram. 

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Como algunos sabréis mi cuenta de Instagram ha sido bloqueada/borrada y por eso la ausencia en el capítulo de ayer. Por desgracia aun no la he recuperado, pero si he abierto una cuenta “secundaria” o “alternativa” mientras sigo mi pelea con Instagram para que me devuelva la original. 

https://www.instagram.com/irene.axelia

Este capítulo no es interactivo, igualmente os pido que, si queréis aportar algo, sugerir alguna frase o situación estaré encantada de apuntarla para que ellos la vivan.

Podéis dejarme vuestro comentario en el blog, no os hace falta registraros.  Si os ha gustado el capítulo os animo a que dejéis un comentario con vuestras impresiones, realmente significaría mucho para mí.

 Mañana nos vemos a la misma hora.

 Nos leemos. ❤️❤️🌻


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